¿Qué es el zen?
A raíz de la relectura del libro ¿Qué es el zen? de Dokushô Villalba me he vuelto a plantear la pregunta.
¿Qué es el zen? Menudo reto. Y salir por la tangente de que cualquier definición lo limita y malinterpreta me parece ya un gesto poco deportivo.
Está claro que el zen es en esencia zazen, postura, respiración y meditación, pero ¿podemos ir más allá?
En mi opinión, o mejor dicho por mi modesta experiencia, el zen es en primera instancia una experiencia de higiene mental. Una práctica para reconectar con el presente sin ruido mental que lo estorbe y lo contamine. Pero ese presente es lo que llamamos la puerta sin puerta. Ya que a medida que esa práctica se repite emergen otros niveles. Ahí nace una espiritualidad sin religión, una sabiduría sin filosofía y una liberación sin especulación.
Cuando alcanzamos ese estadio no hay nada que demostrar, nada que defender, nada que eludir ni nada que esconder. Pura calma.
Pero una calma especial, natural, sin aditivos. Una calma que desvanece todo juicio y prejuicio, todo problema, toda resistencia, toda ambición y todo apego para dar cabida en silencio a la satisfacción de una total resiliencia, de una aceptación plenamente compasiva, con uno mismo y con el otro.
Uno ahí se torna limpio y fresco como el agua que corre por el rio, generoso y sabio como el árbol que está siempre presente, firme y grande como la montaña que apunta a lo eterno, sereno y tranquilo como el lago que deja reposar sus aguas, feliz y resuelto como el copo que cae sobre la nieve, ligero y suave como el viento que acompaña la nube.
Aunque sea solo por unos instantes quien vive esa sensación no la olvida. Viento y aliento se funden en uno. Respiración y latido se unen en coherencia cardiaca y uso se siente gota en el océano.
Ruego me disculpéis el lenguaje poético, pero no se me ocurre otra manera de aproximarnos a esa sensación, ese pre-sentimiento, que el maestro Eno definió como la conexión entre el Ser que soy antes de nacer, el que soy ahora y el que soy después de morir.
Ser zen. Simplemente ser. Ayer, hoy y mañana, como si esa distinción tuviese sentido.
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Foto de Fabrizio Chiagano en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Buenas tardes Manuel
gracias por la explicación, sólo me ha quedado una duda ¿qué es el zen?
El zen es una práctica milenaria que se auto explica con el propio ejercicio cotidiano de meditación.
No puede pues reducirse a palabras. Sería como querer narrar qué es ir en bicicleta. Cualquier definición sería parcial y engañosa.
O si lo quieres en formato espiritual sería como preguntarse quién es Dios. Probablemente lo más cerca que podrías estar de su conocimiento fuese apuntando a que con la práctica de la oración y devoción amorosa te vas haciendo una idea de quién se trata.
No lo entiendo y menos con las comparaciones que haces. Ir en bicicleta es desplazarse sobre un vehículo de dos ruedas movido con pedales. Dios es el que Es, es el Ser subsistente. El Creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible e invisible; son sus atributos (siguiendo a Aristóteles) la simplicidad en tanto que su existencia se identifica con su esencia, la perfección al constituirse en el Ser subsistente, fundamento de todo lo demás, la omnipotencia en tanto que fuente primaria de la que procede todo el poder, la omniscencia, al tener la plenitud de todo el conocimiento, la omnipresencia, la bondad, la inmutabilidad por causa de su Subsistencia, que hace que nunca esté en potencia sino siempre en acto, siempre ES y por su perfección, pues no puede ni perder ni adquirir ninguna; la eternidad, como ser inmutable se da todo simultáneamente y sin variación; la infinitud, al no tener límites; la unicidad, la mutibplicidad iría en contradicción con los anteriores atributos; trascedente en tanto que está más allá de todo lo creado, de todo lo contingente; la inmanencia en cuanto a que está unido, como Ser Subsistente a la esencia de los demás seres (contingentes) sin identificarse con ellos; la personalidad, en cuanto que tiene en sí los principios de intelecto y voluntad; y la espiritualidad, en tanto es esencialmente espiritual (para ahondar en el conocimiento racional de Dios lo mejor es acudir a la Summa Teológica)
Cierto es que la oración nos acerca a Dios, pero sí es posible dar una respuesta a quién es Dios.
Siendo como dices el zen una práctica de meditación, no entiendo cómo uno puede ser zen como dices al final del artículo, o es una práctica o en un atributo del ser, y si es un atributo del ser, ¿en qué consiste?
Hola Meri
Si para ti ir en bicicleta se resume en desplazarse sobre un vehículo de dos ruedas, y Dios no es más que una definición más o menos elaborada del dogma, estamos hablando de “cosas” diferentes, muy diferentes.
Efectivamente el zen es una práctica, una experiencia, una práctica en la que finalmente uno (el ego) se funde en ella.
¿Tal vez como los cristianos finalmente se funden en Dios?
Hola Manuel
No es que para mí ir en bicicleta sea desplazarse sobre un vehículo de dos ruedas, es que ir en bicicleta es desplazarse sobre un vehículo de dos ruedas. Luego la sensación (de libertad, de miedo, de agotamiento, de autonomía, de ahorrar tiempo…) que sienta cada uno sobre la bicicleta ya lo “para mí”, pero ir en bicicleta es algo concreto y definible.
Y Dios no es una definición, pero en cuanto que ES puede ser explicado quién es y cómo es.
Las personas, sean cristianas o no, nunca se funden en Dios, ¿de dónde has sacado esta idea en absoluto cristiana?
No dejas de definir algo con palabras y eso solo alude al hecho, a la experiencia, a la esencia como un dedo que apunta a la luna, pero poco tiene que ver ese dedo con lo que apunta.