La madurez
¿Cuándo alcanza uno la madurez? Y no me refiero a la edad sino a ese estado sereno de sabiduría universal.
Al escribir las líneas anteriores me doy cuenta de mis primeros errores de bulto. La madurez no es un estado sino una guía, una estrella, esa luna a la que apunta el dedo. La madurez como reza mi camiseta se basa en “Estoy madurando. Disculpen las molestias.” Y… lo de la serenidad habría que verlo.
¿Qué define entonces la madurez personal?
En mi opinión, el rasgo más predominante es la capacidad de sostener el conflicto sin perder, no ya la compostura, sino el ánimo.
La madurez pues está ligada al automaternaje y la autorregulación organísmica (que decía Fritz Perls). Una autorregulación suficientemente desarrollada como para actualizarse frente a las muy variadas situaciones que puedan surgir.
No tiene nada que ver con una sumisa adaptación ni con seguir la inercia de nuestros tan predecibles automatismos. Todo lo que nos lleva a soñar un apolíneo perfeccionismo. La pretendida seguridad que nos promete el sistema si lo tenemos todo bajo control es precisamente lo que nos conduce a individuos inseguros, inmaduros, dependientes y a grupos, colectivos o países obsesionados por el miedo y la inseguridad, inmaduros y dependientes del poder.
La madurez gusta del caos, de lo dionisíaco, del poner a prueba distintas intensidades de emoción. Gusta incluso de transitar el dolor, si hay dolor, para disfrutar más del placer de haberlo superado.
Y es que la madurez es sabedora de que cierto grado de ansiedad es vacío fértil en el que crece tanto la autoestima como la capacidad de frustración. Nada que ver con la angustia que provocan las expectativas idealizadas, sufrimiento vano por querer erradicar lo que es consustancial a la vida: incerteza, conflicto y cambio.
En resumen, la madurez es entereza, independencia y valentía, no alienación, dependencia y cobardía.
Y, por si fuera poco, todo ello aderezado por la no exigencia, sino por la paciencia y complacencia que procura el no juicio.
Ahí vamos, sin prisas, sin urgencias, haciendo camino, porque el que se pasa de maduro acaba podrido.
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Foto de Graham Smith en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
M’ha encantat, aquest toque d’humor al final 🤣
Xiii Jjjj Tots els excessos son massa.
Merci per el comentari 🙏🙏
Hola Manuel
Al acabar de leer este artículo he rememorado una anécdota de hace unos pocos meses: fui a una oficina de Correos a enviar una carta certificada y quien me atendió me preguntó si quería contratar un seguro (tenían la propaganda sobre el mostrador). Le pregunté qué aseguraba, y me dijo que todo, y empezó a enumerar…le pregunté si me aseguraba que iría al Cielo y me dijo que eso no, que para eso la Iglesia. Le dije que, en ese caso, no me interesaba.
Y lo único seguro es que moriremos y entonces nos enfrentaremos a nuestro juicio particular en el que se valorará es cuánto hemos amado, y si decimos sí al Amor o lo rechazamos, porque Dios no condena a nadie, somos nosotros los que nos condenamos cuando decimos no al Amor.
Desde hace años me sorprende esa obsesión por la seguridad, acentuada por la locura que empezó en marzo de 2020, máxima expresión de la aceptación social del abuso y de la pérdida de la libertad (la mínima que existía) por una seguridad infantil de no enfermar o no morir de una concreta enfermedad (real o inventada). Desde entonces la infantilización general se ha acentuado, con una confianza total en el Estado, que nos salvará de…no sé bien de qué pero nos salvará (aunque parece que algo se está empezando a revertir este año 2026…ya veremos).
Me sorprendió que en febrero ya tuvieran fresones en la frutería donde compro, pero todavía más que se vendieran; no tenían aroma, estaban verdes, normal, no era época todavía
Jjjj Coincido contigo la obsesión por la seguridad nos priva de vivir en libertad.
Seguimos. Gracias por tus comentarios