Acción Reacción
Acción Reacción. Acción Reacción… Vivimos en un mundo dominado por el piloto automático. Desde que la Terapia Cognitiva Conductual nos demostró lo animales que somos reaccionando a una campanilla como lo hace un perro domesticado, no hemos avanzado gran cosa.
Hay algo antropológico en nuestras respuestas automáticas, algo animal nos lleva a entrar en la curva de la hostilidad sin filtro alguno. Frente al miedo se activan las glándulas suprarrenales al mandato del cerebro reptiliano, y por mucho yoga y mucha meditación que hayas hecho, la sangre se dispersa por las piernas para huir, y por los brazos para agredir sin que tan preciada energía pase por la razón del córtex prefrontal.
El factor sorpresa también influye y si seguimos reincidiendo, la bola de nieve se va haciendo más y más grande hasta que cualquier minucia sea gota de agua que colma el vaso.
Todo ello nos saca del aquí y ahora, y sólo cuando paramos y prestamos mayor atención a nuestra conducta podemos darnos cuenta de que cualquier reacción desproporcionada al estímulo se da porque este último nos conecta con algo fuera del presente, algo que nos remite a un pasado que imprimió una repuesta en aquel entonces “salvadora” y que repetimos estereotipadamente.
La madurez, la reacción adulta, pasa por reconocer nuestra visceralidad y acotarla vaciando regularmente afrentas y recelos de la columna izquierda (lo que pensamos y sentimos en términos de Comunicación NoViolenta)
Hablar, expresar lo que necesitamos aclarar es el mejor ejercicio para evitar la catástrofe y el deterioro del vínculo. Pero ¿Cómo hacerlo sin caer en el “sincericidio”? ¿Cómo confrontar sin agredir?
Ahí están las bases asertivas de la Comunicación NoViolenta, pero no puedo extenderme ahora aquí sobre ello, por lo que sólo mencionaré un recurso tan antiguo como las más ancianas abuelas: el contar hasta diez antes de reaccionar.
En su nueva versión, algo más trabajada, ese reclamo ancestral por la paciencia se concreta en reconocer tres olas y sólo actuar a la tercera que siempre ha sido la vencida.
Porque el primer impulso es reacción visceral, el segundo respuesta justificativa y sólo en tercer lugar amanece un espacio para la compasiva resonancia que integra tanto el apoyo como la confrontación.
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Foto de Pavan Trikutam en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
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