Estadios de madurez
Fritz Perls nos guía en cómo distinguir los diferentes estadios de madurez. Y es que como vimos con anterioridad, la madurez es un proceso de larga duración, lo que hace doblemente recomendable el saber reconocer dónde nos encontramos (aunque en algún frente podamos ir algo más avanzados y en otro más rezagados)
En un primer estadio nos movemos entre clichés tópicos, lo que degenera en toda una cháchara de “Chicken Shit” (Frases hechas sin verdadero significado) “Bull Shit” (Sabiondas elucubraciones sobre el por qué y la causa de todo lo que ocurre) y “Elephant Shit” (Conclusiones y moralejas filosóficas sobre todo lo que debería ser)
No es extraño entonces que ello nos empuje al segundo estadio, en el que dominan los juegos psicológicos, básicamente vinculados a aquello de que patología crea patología (neurótica) Un estadio lleno de caracteres marcados por roles y relaciones rígidamente establecidos. “Yo soy… Tú eres…”
Ahí nos estancamos la gran mayoría, ya que es necesaria gran valentía y un serio trabajo personal o un proceso terapéutico de garantía para romper con todo ese guion de vida que es sin duda zona de confort.
Porque lo que nos espera es el “impasse”, un estadio descorazonador en el que ya no cuento con todo el apoyo de “mis queridos” mecanismos neuróticos, que me han permitido tapar y sobrellevar mis heridas, ni con el suficiente automaternaje como para valerme por mí mismo.
Es como cuando ya no veo la costa desde la que partí ni oteo el horizonte al que me prometí llegar.
Aguantar ahí no es nada fácil. Volver ya no es posible, y avanzar… ¿Hacia dónde? El estrato fóbico nos inunda de miedos.
Y del “impasse” a lo implosivo, tocamos fondo, punto de inflexión: o la rabia nos consume por dentro o la reutilizamos para volver a salir a flote. No hay más.
Permanecer al fondo es muerte. Salir es explotar a la vida y sentir, sentir en toda su intensidad la pena, el duelo por todo lo perdido, la rabia que me ha salvado, la vitalidad que he recuperado y la alegría por haber pasado definitivamente de sobrevivir a vivir en plenitud.
Liderar nuestra vida no es camino fácil. Todo arranca en prestar atención, continua en ponerle conciencia a lo que me pasa, y actuar, cambiar lo que necesito cambiar y ver mi dificultad para así poder comprender la del otro, que no tiene porqué ser la misma, pero sí merecer la misma compasión.
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Foto de Vitaly Gariev en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Hola,
muy acertada la parte final: prestar atención, tomar conciencia, cambiar lo que sea necesario (no cambiar por cambiar) y ver la dificultad del otro en la mía, que eso es la compasión al fin y al cabo.
Mmm… parece que vamos coincidiendo algo más a menudo. Me alegran tanto nuestras coincidencias como nuestras disensiones. Gracias por seguir ahí.