Ir al contenido principal

El sufrimiento innecesario

El sufrimiento es inherente al ser humano y muy definitorio de la persona. El placer, aún con sus muchas variantes, nos iguala bastante a todos, mientras que los motivos de sufrimiento son de largo mucho más específicos y personales.

En base a esta reflexión son ya muchos los autores los que apuntan a que demasiadas veces sufrimos por querer defender “nuestra” identidad. Es como si ese dolor fuese tan nuestro, tan íntimo, tan propio, que perderlo sería como enajenarnos, dejar de “ser como somos”.

Esta idea, esta creencia, obviamente inconsciente, es bueno traerla a la consciencia para liberarnos de una adicción que lastra nuestra actitud de por vida en una espiral de dolor que no cesa.

Y es que, al darnos cuenta de lo insano, lo malévolo de esta identificación con “nuestro yo dolor” podemos acabar con el fantasma de nuestro miedo a transitar cualquiera de las emociones que surjan en el presente.

Basta con darnos cuenta de que “nuestra” identidad no requiere defensa alguna sino una mirada fenomenológica y responsable del pasado junto a otra flexible y madura cara a futuro.

En resumen, en mi opinión, sustentada también por otros pensadores como Dokushô Villalba y muchos otros, es importante prestarle atención a hasta qué punto hacemos de nuestro sufrimiento un compañero inseparable de viaje. Hay que ponerle conciencia a qué hacemos con él (¿lo tapamos y nos aislamos? ¿lo dramatizamos y nos enfadamos con el mundo?) Solo así podremos posibilitar un cambio, una forma distinta de afrontarlo, de transitarlo, cosa nada fácil si no le añadimos una fuerte convicción de que no somos lo que pensamos ni sentimos sino un todo (mente, corazón y cuerpo) en evolución, en maduración, transitando desde la identidad a la unidad.

Todo un salto cuántico que es bueno tomárnoslo con calma dejando saltear la vida con pequeños premios recompensa por cada peldaño que nos acerca a esa nueva concepción de nosotros mismos como ríos con destino a fundirse en el mar.

“Viajante no hay camino, se hace camino al andar” decía Antonio Machado, y desde esta nuestra perspectiva, la clave no está ni en el viaje, ni en el camino que nos llega en suerte, sino en los andares, en este paso que ahora mismo puedes dar o no a favor de dejar de sufrir para poder adentrarte en el agradecer.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Lisa Baker en Unsplash

Be passionate. Just be.

¿Es la pasión nuestra electricidad vital? ¿Es la intensidad un elemento clave para nuestra felicidad? ¿Es mejor relajar y contemplar que actuar y conquistar?

Muchos son los interrogantes que surgen alrededor de este vivir moderno tan intenso y pretendidamente apasionado. No es casualidad que se hable de la sociedad del cansancio, de la necesidad de parar, meditar y contemporizar constantemente con el presente.

Bajo mi punto de vista, la dialéctica entre pasión y aceptación nos ofrece un marco incomparable para trabajar la integración de polaridades.

Tan importante es el fluir como el fondear. Solo hay que modular los momentos. Querer maximizar la intensidad puede llevarnos al control obsesivo y la hiperactividad, y todo ello ya sabemos que nos conduce a la falta de cordura y la insensibilidad. Pero pretender dormirnos sin más en la total aceptación nos lleva igualmente a un determinismo tan divino como atroz.

En mi caso, pocas cosas hay más placenteras que acabar el día agotado de vivir las más variadas y estimulantes aventuras. “It´s a good sign!” como decía un buen amigo indio al acabar su intensa jornada.

Pero al mismo tiempo me encanta reservar un espacio, no ya para la valoración, sino para el puro y simple disfrute del aquí y ahora.

No creo que una cosa esté reñida con la otra. La pasión genuina, la pasión sin imposición es una bendición. Apasionado no quiere decir obcecado ni obsesionado, sino feliz en la chispa de este instante único y eterno que estoy viviendo.

Si somos capaces de quemar en la hoguera de las vanidades toda la autoexigencia y perfeccionismo que nos exige completar con narcisismo nuestra energía y autoestima, es más posible que no caigamos en un apasionamiento abusivo e invasivo del otro. Cada cual tiene sus ritmos y es dueño de administrarlos, pero, en mi opinión, como tantas y tantas veces, no en el promedio sino en el sabio remedio está la mejor solución.

¡Pasión y aceptación qué bonita combinación! Si podemos tomar conciencia de que ambas cosas son cara de una misma moneda, la suerte siempre nos sonreirá.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Randalyn Hill en Unsplash

Ideales vs. Valores

Pasar de creencias heredadas a convicciones propias tiene consecuencias insospechadas, entre ellas la de dejar de confiar en ideales rígidos y empezar ha hacerlo en valores revisables.

Una actitud rígida es la máxima expresión de la estupidez humana, porque la estupidez no radica tanto en lo que pensamos o hacemos como en la rigidez con la que lo defendemos. El dogmatismo se basa en particulares generalizaciones disociadas de la realidad.

Frente a ello, una actitud flexible y dialogante permite ir actualizando nuestras creencias, integrando polaridades desde la convicción de que nos conviene escuchar más y pontificar menos.

Y es que los ideales invitan a juicios morales y a adicciones secretas, puesto que en la mayoría de los casos están tapando un conflicto personal de pensamiento (por culpa y expiación) de emoción (vergüenza encubierta) y/o de acción (miedo a la soledad o el aislamiento)

Es pues necesario revisar sin falta los códigos, leyes y normas, explícitas o implícitas, que atentan contra nuestra dignidad (derechos humanos) y/o derechos de pertenencia bajo interpretaciones particulares, por muy dominantes que sean sobre lo que es justo o injusto.

Los ejemplos son fulminantes ¿No pensaría Hitler que su cruzada contra los judíos era justa y apremiante? ¿No diría Netanyahu que la exterminación del pueblo palestino es una respuesta justa a las agresiones de Hamas? ¿No nos hace ver Trump que el proteccionismo acérrimo es justa respuesta al expolio que los europeos llevamos haciendo durante décadas de las arcas estadounidenses?

La justicia siempre se hace en nombre de ideales, frecuentemente vinculados a la religión o la patria, y, en esos casos, deriva casi siempre en agresión y violencia. Si después de más de tres mil años no aprendemos de ello será porque los rígidos ideales priman sobre los valores revisables.

La historia siempre ha estado contada por los vencedores y eso que en el entorno socioeconómico es evidente, en el entorno personal no lo es tanto. Si no, lee o escucha el post/podcast de la semana que viene

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de NANDKUMAR PATELen Unsplash

Creencias vs. Convicciones II OK

Creencias vs. Convicciones DOS

El tema de transformar creencias heredadas en convicciones propias no es tema trivial. Las creencias sin revisión afectan nuestra posición existencial y eso no es poco.

Si mi postura acostumbra a ser el “Yo sí sé. Tú no sabes.” aunque la justifiquemos en nuestra necesidad de “sentirnos útiles” (sentirnos poderosos) el narcisismo y la psicopatía incipiente van a acechar.

Contrariamente, si nuestra postura es la de “Yo no sé. Tú sí que sabes.” El victimismo y la necesidad de sobreprotección arruinarán nuestra vida.

Y si optamos por el pasotismo del “Si es que nadie se entera de nada” la tentación no dejará de oscilar entre el desconectar o destruir cualquier intento de salir del pozo.

El objetivo es sin duda poder situarnos en un win win, en un “Yo sí sé, pero tú también sabes y puedes aportar.”

Parece fácil, pero no lo es, porque las creencias actúan como radar y amplificador de ratificación de todo lo que me ha acompañado hasta ahora, y que, sin duda, mejor o peor, me ha servido.

Contra ello, para transformar creencias limitantes heredadas en convicciones enriquecedoras propias hay cuatro puntales y una reflexión necesaria:

  1. ¿Qué evidencias realmente tengo de esto que yo pienso sobre mi sea verdad? ¿Hay algo por pequeño que sea que lo contradiga?
  2. ¿Puede que haya circunstancias o contextos que propicien esta percepción mía tan viciada?
  3. ¿Es posible que yo haya cometido errores parciales o puntuales que deba subsanar?
  4. En cualquier caso ¿Es esta creencia, este pensamiento repetido sobre cómo soy yo algo que me resulte útil y estimulante hoy, aquí y ahora?

Tanta confrontación nos pone a prueba, y para rematar nos queda una última reflexión:

¿Cómo sería mi vida, para mi y para los que me rodean, ahora y en el futuro, si no cambio de hábito o creencia? ¿Y si cambio?

Menudo reto, pero las consecuencias son enormes. No te pierdas los tres próximos posts/podcasts sobre ello.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Alex Caza en Unsplash

Creencias vs. Convicciones UNO

Si ya tienes claro que todas las creencias no dejan de ser constructos mentales, el siguiente paso es tomar consciencia de que las creencias heredadas nos llegan altamente contaminadas. En ellas se unen arcaicos errores de percepción con mentiras de más que dudosa justificación.

Las creencias que afectan al ámbito personal alteran la autoestima (menospreciándonos o alimentando un narcisismo estéril) y la autoexigencia (llevándonos al pasotismo o el perfeccionismo)

Las creencias que afectan al ámbito relacional inciden en nuestro grado de empatía (arriesgando a la sumisión o necesidad de “salvar” al otro) y nuestro nivel de asertividad (arriesgando a la dominación o “persecución” del otro)

Y finalmente las creencias que afectan al ámbito social repercuten en los sentimientos de culpa y responsabilidad.

Pero no es fácil que uno mismo pueda dictaminar cuales son sus propias creencias limitantes. Para ello es necesario repasar posibles orígenes:

  • Mandatos parentales o educacionales que nos etiquetan en un rol concreto.
  • Prejuicios familiares sobre cómo se ha pensado o se han hecho las cosas en casa de toda la vida.
  • Miedos o inseguridades sin razón aparente.
  • Patrones o inercias de moda que pensamos apoyan nuestro sentido de pertenencia a un grupo o nación.
  • Constructos socioculturales o religiosos infiltrados en nuestra noción sobre lo que hay que pensar o hacer.
  • Parapetos protectores que nosotros mismos nos construimos para no salir de nuestra zona de confort.

Y un largo etcétera de subliminales e inconscientes fórmulas de contravenir nuestra genuina voluntad. De ahí que el primer paso sin duda sea el traer a la consciencia todas esas creencias para transformarlas en convicciones o despreciarlas como un lastre que queremos dejar de asumir para sanear nuestra vida y la de los que nos siguen.

Y ojo, no es que las convicciones propias vayan a ser menos meras construcciones mentales que las creencias heredadas, pero por lo menos serán mi mejor traje a medida.

En fin, si quieres saber cómo salir del circulo vicioso de las creencias limitantes no te pierdas el post/podcast de la semana que viene.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Laurent Gence en Unsplash

Cambio vs. Transformación

El cambio es ineludible, la transformación voluntaria. Sin transformación vivimos, o mejor sobrevivimos, en nuestra zona de confort dónde como sabemos prima el dicho “Mejor malo conocido que bueno por conocer.”

Vivir en la inercia (y en la inopia) es vivir de piloto automático. Nada que objetar, pero la experiencia demuestra que acaba por hartar. Y es que vivir de lo heredado es también vivir alienado y la MidLife Crisis pasa factura. Una vocecita nos va repitiendo: “Si es que no vivo, me viven.”

Uno se pregunta entonces ¿Qué le podemos hacer? Con la intención de responder a esa ínclita pregunta me dispongo pues a acompañar todo un pequeño recorrido de dos meses (hasta final de año) para transformar la “depresiva” alienación en liberadora realización. ¿Te apetece acompañarnos? Las etapas son:

  1. Pasar de creencias a convicciones.
  2. Cambiar rígidos ideales por valores revisables.
  3. Trocar relato por realidad.
  4. Traducir amenazas en oportunidades.
  5. Evitar la proyección ajena para trabajar un proyecto propio.
  6. Desterrar la culpa para centrarnos en la responsabilidad.

Todo ello sin rehuir el esfuerzo, pues ya hemos manifestado de entrada que la transformación personal requiere voluntad, y la voluntad siempre exige un “vale la pena”, un catalizador, algo o alguien que nos empuje a “tirarnos a la piscina.”

Ojalá, sea este escrito tan oportuno como para invitarte a ello. Dicen que mejor caer en gracia que ser gracioso, pues eso busco yo. Ojalá esta lectura te pille en ese momento en que, consciente o inconscientemente, estás esperando un cambio, una transformación en tu vida, y, mira tú por dónde cae en tus manos este post, este podcast que te sirve de mapa.

Sabemos que el mapa no es el territorio, pero bienvenida es la brújula a quién anda perdido.

Como en aquel cuento de las piedras blancas para desandar el camino de la perdición, cada semana encontrarás una pista sobre la que trabajar. Te aseguro que, si lo haces, en poco más de un mes te sentirás como nueva o nuevo, y si no, hablamos y vemos qué ha podido pasar.

Como decimos en peregrinaje el deseo es: “¡Buen camino!”

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Suzanne D. Williams en Unsplash

Libertad, responsabilidad, voluntad

Ante la barbarie imperante se va imponiendo de una manera sorda pero implacable entre muchos de nosotros la idea determinista de que tenemos un fatal destino predefinido y que nada o muy poco podemos hacer para cambiarlo. Incluso hay torticeras interpretaciones de la filosofía Advaita que tanto admiro que confunden el fluir (sin fondear) con el dejar pasar sin sentir.

Pero en mi opinión debemos rebelarnos frente a ello. Y me atrevería incluso a decir que debemos hacerlo sea cierto o no el que nuestro margen de maniobra sea más minúsculo de lo que creíamos porque la epigenética y la cultura gregaria nos dominan a placer.

Mi primer argumento contra el determinismo es demoledor: toda creencia es un constructo mental. Si aceptamos ese hecho automáticamente estamos asumiendo un cierto grado (notable) de libertad. Y cuando hay libertad hay responsabilidad.

Hasta ahí lógica cartesiana pura y dura. A partir de ahí psicología positiva, pero no fantasiosa, no de verlo todo de color de rosa, sino de asumir junto al binomio libertad/responsabilidad un cierto compromiso de esfuerzo. ¿Esfuerzo para qué?

Esfuerzo en validar qué creencias quiero para mí y cuáles no. Es decir, transformar creencias en convicciones. Es necesario revisar las creencias inerciales, heredadas o machacadas por el sistema, y darles o no nuestro visto bueno en función de si hoy, aquí y ahora, me resultan válidas y oportunas.

Es obvio que la zona de confort nos invita a seguir con lo que mejor o peor nos ha llevado a dónde estamos. Es obvio que todos los mecanismos neuróticos que “nos han salvado la vida” hasta la fecha frente a tantos y tantos temores infantiles no pueden desparecer de la noche a la mañana. Es obvio que si siempre hemos andado con muletas nos de miedo desprendernos de ellas. Pero está igualmente claro que andar sin ellas es un buen objetivo vital antes de que la vejez nos invite a coger un bastón para evidenciar cierta regresión.

En resumen, hacer de nuestras creencias limitantes convicciones estimulantes no es un trabajo gratuito, requiere voluntad y esfuerzo. Pero para ejercerlos primero hay que tomar consciencia de que hay un espacio de libertad/responsabilidad. Asumirlo es la respuesta existencial de Viktor Frankl al determinismo culpable de un pecado original tan desconocido como reconocido.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jamez Picard en Unsplash

 

La escucha generosa

La escucha generosa no llega por casualidad, primero hay que tomar conciencia de la escucha replicativa que tanto observamos, luego practicar la escucha de espera para no resultar invasivos, y finalmente superar la escucha selectiva que sólo escucha lo que quiere oír.

La generosidad en la escucha tiene sus bases y sus beneficios.

Las bases son cuatro: la presencia (atención en el aquí y ahora) la curiosidad (opuesta a la cerrazón) la pregunta aclarativa (o de mera paráfrasis confirmativa) y el interés por la motivación subyacente.

Los beneficios son múltiples: sentir la frustración tras la crítica, la inseguridad o la envidia detrás de la agresión y el miedo que surge de la resistencia al cambio. Sentir en suma la necesidad que hay detrás de cada expresión, lo que revela un poder ilimitado de comprensión, negociación y relación.

A partir de ahí dominar el silencio productivo no es tan difícil. Se trata simplemente de dar tiempo para procesar y que el otro además se sienta atendido. Se trata en realidad de escuchar para entender, comprender y aprender en lugar de para enfrentar, confrontar y apretar. Dicho de otro modo, se trata de escuchar para entender motivaciones y no para enfrentar posiciones.

Parece simple y es que es simple, somos nosotros quienes lo complicamos porque nos gusta más hablar que escuchar, puntualizar que ponderar, replicar que revisar.

Observar, escuchar, silenciar nos devuelve a un estado amniótico e hipnótico de ancestral felicidad. No hay más que probarlo para sentirse atraído por ese estado advaita de fluencia y confluencia.

Fluir y fondear, esa es la cuestión. Fluir en la expresión y escucha, fondear en la motivación y entendimiento.

Ser generosos en la escucha tiene un retorno inmenso e inesperado. Todo lo que das te vuelve multiplicado y el otro deja de ser un yermo desierto de aviesas conclusiones para convertirse en un vergel de atractivas alusiones. Da que pensar, da que sentir, y eso, eso es lo que es vivir.

Deja de luchar, deja de querer demostrar y dejarás de suspirar por meramente sobrevivir.

El agradecimiento y la generosidad mueven el mundo, todo lo demás son motores contaminantes.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jamez Picard en Unsplash

 

El amor lleva cola.

El amor lleva cola, efectivamente. No estoy hablando de que necesariamente sea para toda la vida, eso ya es para nota, pero si el amor no pasa la prueba del algodón en el sentido de unos años de relación, entonces no es amor, es un sucedáneo.

Ojo, que puede ser un sucedáneo mucho más intenso y excitante que lo resultante, pero no es amor. El amor en mi opinión trasciende el enamoramiento, el tiempo y el ego, ahí es ná.

Para vivir el amor hay que transitar la rabia, el miedo, los celos, la tristeza de la posible pérdida… hay que cruzar el Rubicón de todas las emociones, hay que vivirlas y compartirlas de todos los colores e intensidades para poder marcar el contraste que confirma amor de ley.

Todo lo demás son aproximaciones, muy lícitas algunas y muy deshonestas otras, pero aproximaciones, al fin y al cabo.

Me viene a la memoria aquí y ahora mi admirado Irvin Yalom cuando dice que un enamorado resulta intratable en terapia. Hay que dejar que baje “el flemón”, que se desinflame la emoción, para poder empezar con el tratamiento.

Y es que en esta nuestra sociedad actual, del agotamiento instantáneo y la inmediatez cansina, cuesta un montón reivindicar la paciencia, el respeto, la vieja regla del “hoy por ti mañana por mí.”  Vamos a caminar juntos, a aprender juntos, a crecer juntos y si no puede ser no pasa nada, no aguanto porque sí, sólo aguanto porque te quiero y le veo proyecto a nuestra relación.

Imposible no citar a Fritz Perls:

“Yo no estoy aquí para cumplir con tus expectativas.

Tú no estás aquí para cumplir con las mías.

Si coincidimos será maravilloso.

Y si no, es que no podía ser.”

Pura filosofía Advaita. Pura reivindicación de la Indiferencia Creativa: “Si sale con barba San Antón, y sino la Purísima Concepción” = “Si encaja doblemente bien. Si no, soltamos y doblemente bien también.”

Parece paradójico, pero no lo es. Basta con respetar que cada uno ande su camino cómo pueda y que si el otro lo acompaña bienvenido y si no buen viento.

El apego, la dependencia, la confluencia es la raíz de todos los males. Nada que forzar. Sólo dejar fluir y observar. El amor lleva cola, como el vestido de la novia.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de David Trinks en Unsplash

El sufrimiento

Releyendo estos días a Alain Vigneau volvía a ver el carácter identitario que conlleva el sufrimiento. Podría decirse que es el rasgo más íntimo, más diferencial, más competitivo.

En el fondo todos los placeres hasta cierto punto convergen en centros comunes, pero el sufrimiento no. Hay mil y una manera de sufrir o haber sufrido y hacemos de ello seña de identidad.

“Tú no sabes por lo que yo he pasado. Si tú supieras. Eso ha marcado mi vida desde el principio. Yo no sería el que ahora soy si no hubiese tenido que transitar por eso.” Etcétera.

Cuando el sufrimiento se torna identitario se genera un cierto apego a él. Forma parte ya inextricable de nuestra zona de confort, esa que lleva por lema “Mejor malo conocido que bueno por conocer.” Y ahí es dónde Alain pone el dedo, en la llaga. ¿Es el sufrimiento algo adictivo? ¿“Necesitamos” recurrir a él para justificar tanto nuestro aliento como nuestro desaliento? ¿Alivia el compartirlo, aunque sea imposible de transmitir dada su unicidad?

La promesa de transitoriedad y/o trascendencia parece entonces el más común de lo remedios. Todas las religiones e incluso el budismo hacen hincapié en que esto no va a durar.

Pero al margen de todo ello Vigneau reivindica un paso más con el poder dionisíaco del arte, de la locura que todo lo cura, del entusiasmo infantil por vivir y compartir la fantasía de un mundo que, sin dejar de reconocer arañazos y zarpazos, come con gana repartiendo energía e ilusión.

Más que competir por ver quién ha sufrido más se trataría entonces de compartir la energía positiva del momento con quienes permanecen, con o sin razón, enganchados en ese lado oscuro del pesimismo que resulta tan pegadizo. Vale la pena mencionar aquí que acompañar no es salvar ni necesariamente consolar.

No me parece esa mala óptica, puesto que nada es más contagioso que la actitud, y si todos nos dejamos caer en ese arrastrar los pies, mal andaremos.

Ya queda poca gente que vaya con una sonrisa por la calle, gente que te salude con genuino entusiasmo y que te escuche con ganas de apreciarte mejor, no les menospreciemos. Tacharlos de ingenuos, de superficiales es ignorar que ellos también han pasado por dificultades, pero que han aprendido a superarlas y no sólo a sobrellevarlas.

Bienvenidos los locos de la colina que “malgré tout” transmiten tan buenas vibraciones, porque de ellos será el reino de mis amigos.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jacqueline Munguía en Unsplash