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Todo es muy sencillo, si no lo complicamos

31 enero, 2021

Siempre me he sentido atraído por el razonamiento minucioso y elaborado y reconozco que ello me ha llevado a grandes hallazgos y satisfacciones, pero también a neuróticas e innecesarias elucubraciones.

En cualquier caso, de vez en cuando me es tremendamente agradable volver a los principios, a lo básico, a lo más sencillo.

Hoy recupero unos escritos míos de hace tiempo en los que leo: Todo sufrimiento nace de nuestra mente, del enfado de nuestra mente, en concreto.

Cuando no se cumplen nuestras previsiones y surge un hecho desagradable inesperado, nos enfadamos y sufrimos por ello.

Cuando no se cumplen nuestras expectativas nos enfadamos y sufrimos por ello.

Cuando no se cumplen nuestras ambiciones o deseos más fervientes, nos enfadamos y sufrimos por ello.

Incluso, cuando sí se cumplen nuestros deseos, ambicionamos otros, hasta que estos no llegan a cumplirse, y… nos enfadamos, sufriendo por ello.

¿Ridículo verdad? Todo es muy sencillo, si no lo complicamos, pero, lo cierto es que lo complicamos, nos complicamos la vida.

Nuestras expectativas y previsiones, apegos y ambiciones, son los que alimentan el enfado, y el enfado es el único combustible del sufrimiento humano. Una mente apacible huye de todos ellos, sostiene la incertidumbre y acepta lo que surge, para poder disfrutar de la sorpresa y vivir el presente en toda su intensidad.

Una mente apacible es una mente muy activa, atenta a lo que surge y me nace para vivirlo sin interpretaciones, interferencias ni creencias que lo compliquen todo.

El sufrimiento viene invariablemente precedido del enfado, de nuestro enfado. En la mayoría de los casos esos “dramas”, esas “afrentas”, se podrían tolerar, pero nuestra urgencia por resolver no nos deja ver el verdadero calado sin magnificarlo.

Sin “dramas”, “épicas” ni “tragedias” (fruto de nuestra mente egoica) despertamos de forma natural a una mente apacible.

Cuando consciente o inconscientemente nos identificamos con nuestros pensamientos y emociones, alimentamos con urgencia nuestro sufrimiento.

Cuando meditamos y los percibimos como olas en el océano de nuestra mente los vivimos como verdaderas oportunidades de aprender a disfrutar, no negando, pero sí surfeando la realidad.

Foto de Chris Osmond en Unsplash

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