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Comunicación no violenta.

7 febrero, 2021

Muchos de vosotros vinculareis directamente la expresión comunicación no violenta a las magistrales aportaciones de Marshall Rosenberg, pero, para los que no tengáis por la mano esa base, la expresión puede llevar a engaño.

Uno tiende a asimilar la comunicación violenta al grito y el mandato imperativo o agresivo, y consecuentemente entender por comunicación no violenta aquella basada en el buenismo más complaciente. Nada que ver. La comunicación no violenta es sinónimo de asertividad (a no confundir con empatía) y resulta ser la clave para establecer vínculos saneados tanto a nivel profesional como personal.

Si no hablamos claro, sabemos decir no sin culpa, y sí con entusiasmo, estamos perdidos. Y lo que es peor, confundimos al otro, que entiende “lo que quiere”.

Saber expresar nuestras necesidades y deseos pasa por dejar de “sentar Cátedra” (hablando siempre en tercera persona como quien dicta sentencia) pasa por dejar de invadir con monólogos interminables y falsas escuchas (en las que rumiamos cómo rebatir en lugar de atender) y pasa, porqué no decirlo, por dejar de ser impertinentes, interrumpiendo el flujo de la conversación con ironías o cambios de tema que no hacen más que dificultar nuestro lícito intento de clarificar cual es nuestra postura.

Pero cuidado, ser asertivo también significa dejar de ser “seductor” manipulador, paternalista o victimista. Ahí hay mucho estereotipo de género asentado, y me atrevería a decir, aun socialmente aceptado: los hombres son apabulladores, invasivos o paternalistas; las mujeres son seductoras, falsamente hipersensibles o fácilmente victimistas.

Y es que la agresividad y la pasividad, sea de hombre o mujer, se retroalimentan una a la otra en un circuito neurótico de resentimiento. La posición pasiva tiende a ser manipuladora como la posición agresiva tiende a ser invasiva, de ahí que una posición equilibrada de apoyo y confrontación sea aquella que invita a relajar tanto la tentación victimista como la salvadora o perseguidora.

La pregunta clave para “crecer” es ¿Qué necesidad propia pero encubierta hay detrás de nuestra rabia, nuestra agresividad, o nuestra pasiva dejadez?

Mmm… para más datos y soluciones prácticas ya nos tendríamos que meter en sesión individual o remitirnos a nuestro taller de “Conversaciones pendientes. Conversaciones valientes.” pero eso… eso ya es de pago. 😉

Foto de Jon Tyson en Unsplash

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