Tempus fugit
Tempus fugit, el tiempo vuela, la vida pasa en un suspiro. Todos reconocemos aquello de que tenemos dos vidas, y la segunda empieza cuando nos damos cuenta de que ya sólo nos queda una, pero seguimos obviándolo.
Además de la muerte, si hay algo que nos iguala a todo el género humano es que nuestros días tienen invariablemente 24 horas. ¿No sería bueno entonces preguntarnos regularmente qué hacemos con ellas? O si se prefiere más poéticamente, como aludía la canción ¿A qué dedicas tu tiempo libre? ¿A la cultura en sentido amplio (a enriquecerme como persona) o a la basura también en amplio sentido (a desconectar de tanta ignominia)?
Porque lo que llamamos desconectar no es más que disociarnos de nosotros mismos fantaseando por un ratillo que somos unos exitosos abogados de Nueva York, o unas atrevidas amigas en Turquía vivenciando maravillosas Constelaciones. En lugar de aprovechar para reconectar y sanear relaciones “necesitamos” tiempo para “desaparecer” de nuestros insensibles roles y corazas erigidas especialmente para soportar lo insoportable.
Y esto también lo trasladamos a nuestro trabajo: la urgente ocupación nos ciega la importante vocación. No andamos hacia lo que realmente queremos guiados por nuestros dones, talentos y valores, sino que disimulamos aparentando otros roles, argumentos e ideales. El árbol ciega el bosque y la necesidad/obligación no admite dedicación a lo que verdaderamente es devoción.
La pregunta es entonces ¿Cómo romper ese círculo vicioso y entrar en la espiral de lo virtuoso?
La respuesta no es complicada: déjate de ideales prefabricados que no hacen más que generarte prejuicios sobre ti mismo y sobre los otros, y apuesta con convicción por acciones concretas que respondan a tus valores.
Activa la rabia, ponle límites a la alienación, analiza tus fuentes de energía, empodérate y toma una decisión con plena determinación.
No te quedes en sueños, concreta tus deseables acciones en actividades que te inicien en el entreno de tu liderazgo de vida.
Como dice la ACT (Acceptance & Commitment Therapy) piensa en ¿Qué sería de tu vida si no tuvieses miedo al fracaso, si la prudencia tuviese un límite más razonable?

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Nadie sabe ni el día ni la hora, aunque la muerte nos llegará a todos. Lo mejor es llegar a ese momento con aceite en nuestras linternas, que nuestra vida demuestre que hemos amado.
Que sigas disfrutando del acueducto
Gracias. Igualmente.
Muchas gracias por este texto VITAMINA 🙂
Gracias Jesica por tu tiempo y atención. Espero seguir disfrutando de tus comentarios.