¿Gestalt? Sí, gracias
¿Qué tiene la Gestalt que no tenga el Psicoanálisis, la Terapia Cognitiva Conductual, el Análisis Transaccional o incluso la Terapia de Aceptación y Compromiso?
Aún a riesgo obvio de simplificar en exceso me atrevería a decir que cada uno de estos caminos responde a preguntas distintas:
- La Gestalt nos interroga constantemente sobre de qué te das cuenta. ¿Qué se te mueve al contemplar una situación, una expresión o un gesto del otro?
- El Psicoanálisis nos cuestiona sobre dónde nace “la tara”, esa disfuncionalidad que nos atormenta.
- La Terapia Cognitiva alude a cuál es el mecanismo que activa esa disfuncionalidad.
- El Análisis Transaccional nos hace ver cual es el juego en el que participamos.
- Y la Terapia de Aceptación nos explica simplemente por qué no avanzamos con solidez.
Pero volviendo a las bases diferenciales de la Gestalt, también llamada terapia del darse cuenta, a mi se me antoja que es de entre todas ellas la que apuesta de manera más clara y decidida por la fe en la condición humana. Cómo si no se explicaría ese mínimo intervencionismo, esa voluntad de acompañar más que de aconsejar, consolar o controlar.
En mi opinión la Gestalt se basa fundamentalmente en cómo recuperar la fe en nosotros mismos, apoyando lo genuino y confrontando lo neurótico, evidenciando lo que es nuestra responsabilidad (que no culpa) y alejando lo que nos resulta impropio. Y lo hace de forma sencilla: “haciendo figura sobre el fondo de lo que hasta la fecha nos pasaba desapercibido” aquello que a ojos de una mirada fenomenológica (basada en hechos y no interpretaciones) es obvio.
En fin, que la cosa va de atender a nuestra consciencia no en cuanto a lo moral y justo, si no en cuanto a lo edificante y humano.
La idea es pues recuperar la fe en la humilde condición humana para que autoestima y autoexigencia puedan andar de la mano sin caer en desequilibrios ni de ahogo perfeccionista ni de narcisismo prepotente. Y es que la Gestalt es un viaje con diáfano principio y fin: del aquí y ahora a la autorregulación sin prisas ni agobios, puesto que es ruta circular.
Foto de Davies Designs Studio en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Muy de acuerdo con las diferentes descripciones dentro de la rama de la Psicología. En mi opinión, creo que un psicoterapeuta interdisciplinar y con una perspectiva holística de las situaciones del cliente ( o impaciente ) puede beneficiar cualquier proceso terapéutico. Gracias.
Eso es. Una aproximación holística y no excluyente es también en mi opinión lo más recomendable.
Gracias por este post, me gustaria hacer una pequeña aportación, como “impaciente” que he sido he transitado por diferentes especialistas y cada cual con su metodología y he de decir que entre ellas la última ha sido con un profesional de la Gestalt, sin menospreciar los otros procesos, he de decir por experiencia propia que la Gestalt ha sido un proceso duro por cuanto mi implicación ha sido plena pero a la vez ha sido muy “productivo” ya que la calidad de los resultados estan siendo muy efectivos, mi calidad personal ha crecido de forma exponencial a la vez que me ha echo ver todo lo que me queda por recorrer y gracias a las herramientas que me ha dotado me permite transitar el proceso de una manera más segura y tranquila, me siento mas seguro de mi mismo y me permite liderar el dolor, las frustraciones de mejor manera. Muy recomendable.
Gracias
Gracias Xavier. El agradecimiento nos ayuda a ser más amables. La amabilidad (especialmente con nosotros mismos) a aceptarnos más en nuestros aciertos y errores. Y la aceptación es clave para llegar a ser más auténticos, más de verdad, y sobre todo más compasivos.
para mí la cuestión es ¿para qué?
Creo que la respuesta es obvia.