Mojarse.
Mojarse es de valientes. En mis formaciones no me canso de repetir “Quién no se moja no se refresca.” Y es que hay en la actitud un motor impagable de aprendizaje.
Participar y practicar es la clave, insisto siempre. Todo lo que cuento es de solvencia probada. No me lo he inventado yo, y aunque resulta innegable que no todo funciona para todo el mundo normalmente la formación es suficientemente larga y variada como para tocar recursos y herramientas tan diversas como las que nos provee la Terapia Cognitiva Conductual, el ACT, el Análisis Transaccional, la Comunicación Noviolenta o la Gestalt, de manera que una u otra debería aportar valor.
Pero claro, eso siempre que seamos capaces de escuchar, de dar cierto crédito de tiempo a la exposición sin que surja el cortante juicio sumarísimo del “Nosiyoyase” o el maldito “Siperonismo” (del Sí, sí, pero…) sin tan siquiera haberle dado una mínima oportunidad al entendimiento, la prueba y el cambio.
Y es que hay quién no acude a una formación, a una clase, a una conferencia con ánimo de crecimiento y cambio, con una actitud abierta para preguntar y aprender sino con la “misión” de juzgar y reprender. Aparecen entonces quienes no sólo no comparten, sino que se ofenden por apreciar las aportaciones o confrontaciones como algo personal. Nadie puede cuestionarles su zona de confort, sus saberes o ideales, aunque sean sólo eso, creencias heredadas, conocimientos obsoletos o rígidas ideologías.
Y eso a pesar de que me gusta dejar claro lo de que siempre es bueno preguntarse con tiempo ¿Esto me resuena o me resbala?
Recientemente en uno de mis cursos sobre “Trabajar sin ansiedad” al querer indagar las motivaciones de los participantes me encuentro con que los jóvenes me dicen algo así como: “Vengo con ánimo de ver cómo soportar que no se me valore debidamente” y los mayores “Vengo porqué ya tengo la jubilación a tocar y quiero sobrevivir lo que me queda como sea.”
En fin, que a veces pienso que algunas empresas y la generación post cultura del esfuerzo (con todas sus pros y contras) ha dado pie a la del zero esfuerzo, en la que esperamos que la terapia sea milagro (para tacharla de mentira) y la formación magia (para evitarnos cualquier implicación personal) Estamos en la cultura de la pastilla y el remedio sintomático, abordar las causas da pereza.
Disculpad la sinceridad, pero alguien tenía que decirlo. 😉
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Foto de Zach Reiner en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
¡Manuel!
No sé si ha pasado algo concreto grande o ha sido un cúmulo de pequeñas cosas, pero últimamente te veo desatado, y me parece estupendo, tengo la impresión, salvando las distancias pues no nos mueve lo mismo, que te has metido en mis zapatos.
Dices mojarse es de valientes, claro, pero la valentía en una virtud y a ella sólo se llega con el hábito. Sólo el que la ejercite en el día a día, sabrá ser valiente en una situación difícil. En el día a día:
los líderes se burlan de un compañero de clase que no es guay ¿qué hago?
tengo convicciones diferentes a la del grupo pero si no me uno a las suyas me quedaré solo ¿qué hago?
en la calle unos pegan a uno con abuso y brutalidad ¿qué hago?
Ojalá dado el caso sea yo capaz de actuar como Ignacio Echevarría, como los mártires de Uganda (de los que por cierto es su memoria el 3 de junio y han partido miles de africanos caminando cientos de kilómetros para llegar a las celebraciones programadas), Maximilian Kolbe.
Feliz mes del Sagrado Corazón, que empieza hoy, 1 de junio .)
Gracias Meri.
Mi hijo Max, Maximiliano se llama así precisamente en memoria de Kolbe 😉🙏