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¿Tú eres tonto?

15 mayo, 2025

¿Tú eres tonto? Esta es la pregunta que me he hecho yo mismo tras repasar tan sólo cinco recursos clásicos de manipulación basados en los principios más elementales de la Terapia Cognitiva Conductual. Principios de evidencia científica, aunque afortunadamente no de necesario cumplimiento si nos damos cuenta del engaño que subyace en ellos.

En cualquier caso me asombra el que aún hoy en día nuestro cerebro reptiliano nos juegue tan malas pasadas como para sucumbir a estos cinco móviles de reacción cuasi automática.

¿Cómo es posible que la seducción física o la admiración puramente oratoria o intelectual nos nuble aún el juicio en profundidad?

¿Por qué la similaridad en gustos, gestos, intereses, ideologías y comportamientos nos despierta tanta simpatía, y en cambio la discrepancia tanta resistencia? ¿No nos enriquece más la diferencia que la identidad?

Y en esa línea ¿Por qué somos tan sensibles a sintonizar con la gente que nos brinda cumplidos y tan reacios a aceptar las criticas? Cumplidos que pueden ser tan sutiles como la mera reafirmación/validación de que hemos escogido bien, que hemos decidido lo correcto, que estamos en buen camino….

Todo ello para alcanzar el colmo en aquello que ya Goebbels vaticinó y que hoy está tan en boga con las “fake news”: “Una mentira repetida con suficiente frecuencia se convierte en verdad”. Una “sinergia exponencial” o de grupo de triste actualidad basada en el “divide y vencerás” “enfrenta y unirás” “compite y ganarás.” como si el “todos contra todos” fuere el parangón de la libertad mientras sólo beneficia a unos pocos.

Un colmo que se instituye poco a poco como el sistema “natural” en el que siempre hay vencedores y vencidos y que más te vale estar entre los primeros, los que saben, los que comulgan con el todo imperante que no con los que se revelan frente a él.

Increíble, increíble cómo aún nos dejamos llevar por la seducción física o intelectual, por la similaridad ideológica con la corriente dominante, por la falsa simpatía con que nos recibe el poder (de las redes sociales, de los poderes facticos…) por la sinérgia exponencial que supone el vernos constantemente asaltados por la infoxicación de ataque (insistiendo en que los otros son malos y peligrosos) o por la creciente “necesidad” de estar entre los ganadores, los supervivientes, a toda costa.

Quizás hace unos años este mismo discurso que acabo de redactar me parecería excesivamente inflamatorio, desmesurado, una arenga propagandista, pero a día de hoy la rabia es tal que como gestaltista de pro debo ventilar para poner límites y recuperar un mínimo territorio de confianza en el futuro de la humanidad.

Me niego a admitir que somos tontos, aunque a veces lo parecemos. Todos, yo por supuesto incluido.

Foto de Arno Senoner en Unsplash

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