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Ética y Épica

21 febrero, 2025

Ética y épica están en mi opinión íntimamente unidas, en especial en tiempos difíciles. Cuando la realidad confronta abiertamente nuestros valores no hay que esperar apoyos ni recompensas, sino recurrir a lo gratuito y grandioso de la épica.

De la misma forma que en tiempos calmos y equilibrados la épica puede ser sólo un arrebato de narcisismo, en época convulsa la épica es sustrato de nobles conductas. No, no hablo de ruidosas revoluciones (sólo justificables en muy contadas ocasiones) sino de tan silenciosos como íntimos rechazos a lo socialmente aceptado, a lo políticamente correcto, a la aberración normalizada. Basta con un repetido “no estoy de acuerdo”, “no trago”, no me resigno a que esa sumisa ignorancia o displicencia se instale en mí.

Porque quiero creer que la verdad siempre acaba por sobreponerse (que no imponerse) aunque no siempre ganen (y se les reconozca el mérito) a “los buenos” a los que han trabajado para no ceder a la pereza, a la inercia y a la tontería de masas.

La ética y la épica son prebendas humanas del más alto nivel. No podemos renunciar a ellas sin caer en la degradación, pero es cierto que la “zona de confort” el “Laissez couler” es tan atractivo como el desagüe lo es a toda suciedad que no se quiere ver.

Sé que muchos estaréis pensando en política, pero mi reflexión pretende ir más allá, porque se refiere a algo tan básico como los comportamientos cotidianos.

Hoy, cuanto todo el mundo aparenta saber lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer en una aparente globalidad libre e igualitaria, pero que en el fondo refleja una superficialidad amanerada e interesada, es más necesario que nunca el criterio propio, la valentía de lo diferente, la reivindicación de lo solvente no por su popularidad, sino por su especial sensibilidad y respeto por los valores humanos.

Y es que no me canso de remitirme a que todo es muy sencillo si no lo complicamos. Todos sabemos bien lo que es bueno, sano y provechoso para una mayoría ¿Por qué entonces no lo practicamos? ¿No será eso falta de ética y épica en favor de mera época y estética?

Faltar a la palabra por obra u omisión es pecado. No lo olvidemos.

La épica y la ética deben estar pues en nuestro día a día en el zen de las pequeñas cosas, en el compromiso de puntualidad, en el deber del reciclaje, en el confiar en la amistad, en la firme convicción en el género humano por encima de coyunturas, patriotismos, populismos y divismos.

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Foto de Michael Dziedzic en Unsplash

 

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