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Deja la cháchara y entra en vida.

14 febrero, 2021

La primera vez que escuché la expresión “entra en vida” fue hace ya un par de años en Gredos, en un taller de meditación que impartía el bueno de Alberto Villar. No me atreví a preguntar, y dejé que el resto del grupo avanzara para ir comprendiendo que la expresión era una fresca y feliz actualización del “despertar” del que nos habla el zen.

Efectivamente, entrar en vida era, es, dejarnos de engaños, de entelequias y patrañas para vivir la vida honestamente, en vivo y en directo.

Desde entonces, la necesidad de encontrar un camino para ser más auténtico, más de verdad, ha sido en mí una constante.

Y la mejor respuesta llegó, como no, de la mano de la Gestalt. Una voz amiga que me susurra desde entonces: “Deja la cháchara”.

Deja de chismorrear discursos políticamente correctos, pero en los que no crees. Deja de menudear en “chicken shit”, conversaciones de apariencia educada para socializar sin entablar ningún tipo de vínculo real.

Deja también de intelectualizar razonamientos “bull shit”, con porqués tan elocuentes como falsos. Los porqués son siempre infinitamente multifactoriales o simplemente no hay un porqué. Salta pues del porqué al porqué no, y cruzarás el abismo entre lo neurótico y lo erótico (en el sentido más amplio y vitalista del término)

Y, sobre todo, deja el vicio de filosofar sin practicar. Deja de sentar Cátedra con tu “elephant shit” y “salvar” al prójimo sin haber experimentado el dolor de tu interlocutor.

Cuenta el maestro que una vez un paciente visitó a su médico y le encontró alicaído y preocupado. Dado que le conocía desde hacía ya un tiempo, se atrevió a preguntar ¿Qué le pasa Doctor, le veo bajo de moral?

El médico se vio sorprendido por la pregunta, y, sin pensarlo dos veces, susurró: “Es que tengo malas noticias. Y siempre me cuesta expresarme cuando los resultados no son buenos.” A lo que el paciente respondió: “Claro, pero a Usted siempre le toca ese trabajo y… tratando con gente ya de cierta edad, es normal que de vez en cuando surjan estos lances. Al final todos tenemos que morir.” Mirándole ya a los ojos el médico respondió: “Así es, me duele tener que decirle que las pruebas no revelan buenas perspectivas, pero lucharemos para que pueda sobrellevarlo lo mejor posible.”

Siempre me ha llamado la atención esta anécdota: cómo cambia todo cuando somos nosotros los protagonistas de la historia, y cuánto tiempo perdemos en cháchara sin verdad ni vínculo.

Para acabar, permíteme compartir contigo un reto que aún no he conseguido superar: estar un día entero (24h) sin quejarme, ni criticar nada ni a nadie. Si lo consigues, no dejes de decírmelo, me encantará conocerte. Si no lo consigues, házmelo saber también, siempre ayuda sentirse acompañado.

Foto de Jakob Owens en Unsplash

Comentarios (13)

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