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Cuatro ansiolíticos de larga duración.

21 febrero, 2021

La ansiedad es un repetidor que multiplica nuestro malestar y altera cualquier emoción hasta el punto de hacerla insoportable. Y lo curioso es que ese repetidor lo construimos nosotros mismos.

Pero como dicen los buenos amigos Christophe André (psiquiatra) Alexandre Jolien (filosofo) y Mathieu Ricard (monje) en su libro ¡Viva la libertad! si no le ponemos remedio, Radio Mental FM emite 24 horas al día, y eso hace que no sea nada fácil acabar con ella.

La estrategia, contrastada por mi experiencia, contempla cuatro prácticas, sucesivas o alternativas, según carácter, tipología (ansiedad mundana o angustia vital) e intensidad:

  1. Desdramatizar. Observar el pánico, y muy en particular las sensaciones físicas que desencadena, como si fuésemos un espectador que contempla la crecida de un rio. Como se acostumbra a decir en el zen: “con ojos de la vaca que ve pasar el tren a toda velocidad.”
  2. Respirar. Si lo anterior no acaba de funcionar, tal vez ayude el concentrarnos (poner toda nuestra energía) en algo que nos ancle fuertemente al instante presente: la respiración, la llama de una vela, los pequeños ruidos que apenas se escuchan, el acto de lavar los platos, la actividad deportiva (correr, ir en bicicleta…) sin darle tregua al pensamiento recurrente. Tal como viene la nube negra, la dejamos pasar y nos quedamos observando de nuevo el viento, el aliento que la echa de nuestra mente.
  3. Identificar. Luego, sin perder la actitud del punto 1, tal vez proceda tomar nota e identificar cual es la necesidad que se esconde tras mi radical aversión y resistencia al pánico. Grandes hallazgos tranquilizadores me ha procurado este espacio de reflexión sobre cuál es el verdadero motor de mi estéril preocupación.
  4. Y finalmente, un recurso extraordinario, la visión panorámica. Date cuenta de la totalidad. En la angustia, la conciencia se focaliza obsesivamente en un punto olvidando todo lo demás; abrirse al mundo, que es bastante más grande que mi ego agitado, ayuda enormemente a salir a flote.

Cuatro prácticas que también curiosamente, se resumen en la meditación: dejarnos sentir (prestar atención) darnos cuenta (ponerle plena conciencia al presente) darnos permiso (para aceptar nuestras contradicciones) y darnos espacio (para tomar perspectiva)

No, si todo está inventado. Y, en este caso, desde hace más de 2500 años. Pero es bueno no dejarlo para el último momento, cuando ya la ansiedad nos ha invadido por completo, de ahí el interés en entrenar nuestra felicidad desde ya mismo. ¿Sabes por dónde empezar? info@texistencial.com ?

Foto de Alberto Rudolphi en Unsplash

Comentarios (8)

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