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Eneagrama y carácter.

27 junio, 2021

El eneagrama está de moda, parece el nuevo horóscopo, uno atiende al amigo “gurú” que le “asesora” y ya sale con su flamante personalidad catalogada.

En la mayoría de estos casos, ni la adjudicación se ajusta, ni la descripción acierta, ni la utilidad es requerida. Pura tontería. La pregunta que surge entonces es ¿Puede que tenga una mezcla de varios eneatipos? Bull Shit.

Por todo ello, voy a intentar poner algo de seriedad en el tema sin entrar en las tentadoras casuísticas de cada tipología.

Los eneatipos, los rasgos caracteriales, surgen de una posición defensiva frente al vacío propio de la incertidumbre y evanescencia humana. Son, por así decirlo, agarraderos que desde la más tierna infancia hemos utilizado para evitar el abandono “a la buena de Dios”.

El carácter (kcharakter en griego = lo que está grabado) se forja en nuestra más tierna infancia en base a lo que nuestros padres nos muestran como camino de merecimiento para que nos concedan su atención y amor. La primera pregunta pues para orientarnos cara a saber cual es nuestro eneatipo podría ser: ¿Qué hacía yo cuando era pequeño (6/7 años) para agradar/complacer/llamar la atención de mis padres, educadores…? (y ojo que posiblemente sea lo que continúe haciendo para agradar/complacer/llamar la atención de mi pareja, mi jefe, mis amigos…)

¿Soy una persona mental, ordenada, discursiva, elocuente y/o locuaz?

¿Me siento alguien muy emotivo, sensible, “especial” y/o dramático?

¿O soy tal vez un personaje de acción, un tipo ejecutivo, directo y épico?

Ahí nos daremos cuenta de que hay algo automático, repetitivo, rígido que “marca carácter”. Más allá del estímulo, la respuesta es casi siempre de la misma categoría. Pues eso, eso es lo que apunta a nuestro eneatipo.

El eneatipo señala algo troncal, aunque luego se despliegue en múltiples ramas. Cada eneatipo se asocia a una pasión emocional (proyectada hacia afuera) una fijación cognitiva (introyectada hacia dentro) y un núcleo instintivo (social, sexual o conservación) que lo redefine.

Y en ese “juego” de máscaras, en ese baile entre expresión y contención, invertimos mucha energía. Una energía preciosa que le robamos a lo que en Gestalt llamamos la autoregulación organísmica, esa que se ocupa, sin pedir nada a cambio, del mantenimiento de nuestro equilibrio corporal, emocional y espiritual.

¡Mmm… si no fuera por ese empeño en nadar contracorriente, en cambiar el curso del río! Si recordáramos que la naturaleza hace bien su trabajo cuando no interferimos (Wu Wei) Si tuviésemos presente el camino del Tao, otro gallo nos cantaría. Porque el Tao, como decía Claudio Naranjo, es la voz de la bondadosa abuela de Dios (y sabe tanto o más que Él, añado yo)

Photo by Rahul Vaidya on Unsplash

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