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Dime por qué

5 marzo, 2026

Dime por qué, 500 preguntas y 1000 respuestas era el título de uno de mis libros preferidos cuando era pequeño, pero me temo que esa inquietud por conocer el por qué de las cosas es algo universal.

La mente humana parece obsesionada en el planteamiento científico propio del siglo pasado en el que explorar el por qué de las cosas nos dio tan buenos resultados. Pero cuando hemos querido transpolar esa brújula al campo de las emociones y relaciones el fracaso ha sido estrepitoso. Nos hemos quedado con el pensamiento obsesivo y hemos perdido el sentimiento más primigenio e intuitivo que le subyace. No en vano somos herederos de Descartes y seguimos creyendo aquello de pienso luego existo, como si la existencia fuese algo meramente mental.

El tiempo y energía meramente especulativa que invertimos en dilucidar el por qué me ha dejado, por qué me ha tocado a mí, por qué me pasa lo que me pasa… es sin duda una pérdida de tiempo y energía.

El por qué de las cosas en lo emocional es siempre, siempre, multifactorial. No hay una única razón, ni dos, ni tres que justifiquen ese tipo de acciones o reacciones. Es la mente la que se empeña en tamaño reduccionismo en un interminable giro en bucle puesto que… siempre hay un añadido no contemplado. Vemos entonces sólo lo que queremos ver y perdemos de vista el fondo de la cuestión. Todo es figura, todo es figurativo para intentar calmar la mente con una falsa sensación de control.

El por qué es la pregunta más neurótica que existe.

Date cuenta, no hace falta ser muy psicosomático para empezar a sospechar cierto malestar cuando alguien de buena mañana nos dice “Haces mala cara. ¿Estás triste? ¿Te pasa algo?” Aún cuando tú ibas hoy con toda la vitalidad del mundo se nos dispara el ¿Por qué me habrá dicho eso? ¿Quizás sí que hoy estoy algo más paliducha de lo normal? ¿Por qué será si en principio yo estaba bien?

Y como luego llega el corolario cartesiano que apunta a que todo lo que crees creas, la profecía autocumplida se da sin que podamos ya distinguir entre qué y por qué.

Déjate en paz, déjate caer en el presente. No te tomes la vida tan en serio. Las emociones van y vienen muchas veces sin un porqué evidente. No pierdas el tiempo en investigarlo. Ese tiempo es igualmente valioso. Aprovéchalo para vivirlo en plenitud venga cómo venga. En versión original, sin añadirle subtítulos.

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Foto de TERRA en Unsplash

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