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Sin compromiso alguno.

1 mayo, 2021

La modernidad líquida en la que vivimos ha entronizado la espontaneidad y el cambio constante como los más grandes paradigmas de la libertad y la autenticidad. Sólo hay que ver a Heráclito resucitado campando por sus fueros en Google y gritando que hay 6.530 millones de referencias al término “change” en 0,56 segundos. Vivir en presente se ha interpretado como vivir sin compromiso de futuro. Y eso, como la panacea de la felicidad.

Hay pánico al compromiso. Compromiso significa rigidez, limitación y esfuerzo, y esos conceptos se nos antojan hoy retrógrados, obsoletos, apolillados, sólo dignos de generaciones pasadas.

Pero ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Debemos descatalogar definitivamente el término y sus consecuencias de nuestro vocabulario? ¿De dónde procede ese pánico?

Es verdad que la aceleración y acentuación del cambio propician el desprecio a cualquier atisbo de continuidad, pero ¿es eso suficiente como para borrarlo de nuestra memoria después de haber sido todo lo que fue?

Personalmente creo ahí hay una tremenda injusticia, y hurgando en las bases de ella encuentro olvidos lamentables. Ya no sabemos para qué sirve el compromiso, sólo en qué nos encierra.

El compromiso permite asumir que una sola decisión finiquita toda duda hasta nuevo aviso. El compromiso acaba con las tolerancias de intenciones nunca cumplidas y los robatiempos de un plumazo. Un más que notable ahorro de tiempo y energía que debería ya sólo por eso devolver este hit al candelero.

No asumir esta parte tan positiva del término es castigarlo con un “extra de queso” que no le corresponde, y que además puede llevarnos con mayor facilidad al fracaso, lo que redunda en ratificar que el compromiso es malo en sí mismo, cuando su inutilidad es forzada por nosotros mismos al despreciar su cara positiva.

Y es que el compromiso invita a la decisión y la acción (ya que el premio se presume mayor que el que es fruto de la más frugal “espontaneidad”) con lo que arrasa, cual efectivo pesticida, con el perfeccionismo ideal, la prepotencia desmedida, la duda del “si-peronismo” y la infinita procrastinación.

En realidad, tal vez deberíamos reconsiderar pues si el compromiso no es también una decidida apuesta por el cambio, un cambio sereno, de fuerza más tranquila que el que ahora nos propone “el Mercado”, pero un cambio sin duda mucho más solvente.

Heráclito por favor, no te dejes llevar por la modernez liquida de las redes sociales y los buscadores de internet si no quieres sucumbir a las modas y perder tus 25 siglos de vigencia, mantente firme y comprometido frente al rio de la vida que todo lo arrolla a su paso.

Photo by Tim Peterson on Unsplash

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