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Polaridades

19 diciembre, 2024

Vivimos en un mundo marcado por las polaridades: blanco o negro, bien o mal, alegre o triste, valiente o miedoso, calmado o rabioso… y yo creo que eso es rémora de herencia maniqueísta.

La vida, el mundo, no se define en bicolor, hay infinitud de tonos y matices que conviven en armonía y hacen de la atención y el contexto protagonistas. Cada momento merece una reacción acorde. No podemos resignarnos a un lenguaje binario como el de un ordenador.

Vivir en presente supone afrontar cada estimulo, cada reacción como algo único, algo que merece ese matiz que va más allá de los polos extremos.

La Gestalt nos invita explícitamente a trabajar en la integración de polaridades. Toda decisión implica una renuncia. Todo tiene su coste de oportunidad. Saber cuando conviene la calma y cuando la rabia, cuando la alegría y cuando la tristeza… y ajustar en qué medida cada una de ellas merece proporción es tarea de sabios.

Por otro lado cuando en el zen hablamos del camino de en medio no necesariamente aludimos a ni chicha ni limoná, sino que nos referimos a todo el abanico que se abre entre polos (estos incluidos) A veces conviene una calma Advaita que deje fluir lo que toque fluir y a veces conviene una enérgica rabia que ponga súbito límite a lo que no queremos en nuestra vida. Esa riqueza cromática de vivos tonos y amplia paleta de emociones define al Maestro.

Leía ayer por la noche la novela de Flavia Company HARU y estas líneas que a continuación transcribo me recordaron esta preciosa habilidad de integrar polaridades para vivir realmente al día.

“El sol y la luna conviven en el firmamento, Haru. Cuando impera el primero es de día, cuando impera la segunda de noche. Pero en el mundo es de día y de noche a la vez:”

¡Qué bonita manera de expresarlo! Y es que luz y sombra están en todos nosotros como ya apuntó Jung. De ahí a entender que la realidad no sea muchas veces más que una proyección nuestra, sólo hay un paso. Y desde ese paso a la compasión infinita sólo un abrir y cerrar de ojos.

En resumen, dejar de juzgar en blanco y negro, nos abre a vivir el presente desde la multitonalidad aunque eso no niegue luces y sombras, que, una vez conscientes y reconocidas, nos abren a su vez a la más humilde compasión por la condición humana.

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Foto de Andrea Sonda en Unsplash

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