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Hiperactividad, fantasía, drama y obsesión.

9 enero, 2025

Hiperactividad, fantasía, drama i obsesión son las cuatro principales vías de escape al conflicto. Todos sin excepción tiramos de ellas, pero es bueno saber en cual o cuales nos perdemos en demasía.

Correr como pollos sin cabeza, llenar nuestra vida de una absurda hiperactividad, no nos lleva a ninguna parte. Si no paramos, no sentimos, pero entonces tampoco vivimos. Sin saborear el momento todo es tormento. No transitamos el dolor, pero lo tapamos con sufrimiento.

Negar el conflicto, huir con la fantasía de que somos inmunes a las adversidades, resguardarse en un radical “pensamiento positivo” tampoco es manera. El principio de realidad nos golpeará con más fuerza. El conflicto forma parte inherente a la vida i ignorarlo es sufrir doblemente.

Dramatizar, victimizarnos, amargarnos la vida no ayuda. La vida es dura e injusta, sin duda, pero añadirle drama no aporta nada bueno. El drama no es más que una inflamación de la emoción que nos lleva al mediato o inmediato aislamiento. Un flemón es alerta de atención, pero no motivo de curación.

Y finalmente la obsesión cavilativa de los adictos al insight resulta igualmente infructuosa si no está acotada al pensamiento útil aquí y ahora. La pre-ocupación el ¿Y si…? no es más que una pérdida de energía.

Entonces ¿Por qué nos perdemos tan frecuentemente en esos cuatro derroteros?

En mi opinión, lo que nos lleva al error es el miedo, el miedo a transitar el dolor, a sentir la rabia, el miedo genuino o la tristeza inherente a la angustia vital. Aunque parezca paradójico sufrimos por miedo a tocar nuestra herida. Si nos dejáramos sentir, si diéramos algo más de espacio a lo que hay, a la emoción que nos embarga sin añadirle tanto pensamiento, tanta preocupación, otro gallo nos cantaría. Pero la tentación de tapar nuestro dolor, nuestra vulnerabilidad es tan grande que nos lleva a ese “doble de queso” que acaba por destrozarnos.

Con razón se dice que la Gestalt es la terapia del darse cuenta, la gestión de lo obvio. Basta con no añadir más voracidad, más mentira, más amargura, más sufrimiento a la vida para ser felices.

La vida es dura, injusta, perecedera e ingrata, pero si no le añadimos un extra de sufrimiento por expectativas omnipotentes también es tierna, suave, ligera y amable.

Como nos susurra al oído el zen de las pequeñas cosas: todos vamos a envejecer, enfermar y morir, pero al mismo tiempo todos estamos prestos para disfrutar, aprender y madurar.

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Foto de Mathew Schwartz en Unsplash

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