Por favor, no me maltrates
“Por favor, no me maltrates.” es una expresión que últimamente me viene con frecuencia a la cabeza.
Superada ya la etapa crítica y quejumbrosa sobre la falta de educación, las pérdidas de respeto… he entendido que todo ello quedó lapidado en el siglo 20, pero no acabo de acostumbrarme a la normalización del maltrato que nos trae este 21.
No sé si es solo cosa mía, pero lo que empezó con el ghosting, la no respuesta o la respuesta con dilaciones más que exageradas, hoy ya se remata con desaires sorprendentes. Y cuidado, eso no se ciñe solo a cuando tu buenamente pides u ofreces, sino que también alcanza cuando en realidad el que pide o reclama es el otro.
El tono exigente ha sustituido plenamente al por favor, hasta el punto de que muchas veces debo preguntarme ¿Pero, en este caso, de quién es la necesidad? ¿No eres tú quien me pide ayuda?
Parece que se nos ha olvidado el saber pedir; mejor desdeñar, despreciar, que sea el otro quien me persiga. Yo me priorizo a mí, me dicen los que entienden del tema. Y así nos va.
Todos queremos priorizarnos a nosotros mismos luchando hacia una individualidad tan orgullosa como deprimida. No te necesito. Yo ya me apaño. No confío. Controlo. Todo un círculo agotador.
La autoestima, la autoestima de verdad, está por los suelos, y se ha sustituido por el sucedáneo más vil: el narcisismo. La autoexigencia brilla por su ausencia y se ha sustituido por un perfeccionismo idealizado, inalcanzable si no es por algún pelotazo de suerte como los que lucen algunos de los grandes gerifaltes de la política o los negocios.
Todo ello genera una gran, una enorme ansiedad, que se palpa en todas las calles, en todas las esquinas. Mal humor crónico. Prisas, estrés… es todo lo que podemos compartir. Un maltrato mutuo al fin, que nos descorazona.
De ahí que constantemente me venga a la mente ese “Por favor, no me maltrates, quiero pedirte o ayudarte, pero por encima de todo quiero que nos veamos en nuestra mutua dificultad por transitar estos momentos difíciles que nos ha tocado vivir.”
Tal vez sea mucho pedir, cierto.
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Foto de Adi Goldstein en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Buenas tardes Manuel
Me sorprende lo que dices, no lo sufro más que como algo excepcional, que yo recuerde sólo por parte de dos personas en los últimos tres años, (lo sitúo temporalmente porque pienso en esos casos concretos) y estoy convencida que tampoco lo hago sufrir.
Quizás se da especialmente en el sector de la terapia, de hecho una de esas dos personas que se ha permitido una explosión de ira contra mí, expresión de una nula tolerancia a la frustración, es psicóloga con un máster en neuropsicología, y por ese motivo lo vives más.
¿cuáles podrían ser las causas?
Celebro que no te sientas maltratada más que en casos excepcionales. Eso sí que en mi opinión es algo excepcional en estos tiempos que corren en los que una mayoría reclama y exige y en cambio sólo una minoría reflexiona y da amable respuesta.
En cuanto a que psicólogos y terapeutas sean los que más terapia necesiten es algo consabido. Dicen que uno se hace terapeuta porque con una terapia no ha sido suficiente 😂😂😂 En cualquier caso, a nuestro favor diré que la mayoría somos mucho más conscientes de nuestra necesidad que otros que sólo ven la paja en el ojo ajeno. 😉😂😂