Ir al contenido principal

La cultura del esfuerzo

La cultura del esfuerzo goza de una prensa sensacional. Se ha asimilado a la meritocracia y a la democracia. Todo el mundo puede alcanzar sus metas si se lo propone. Ese era en realidad el gran lema del American Way of Life: Tú puedes ser el presidente de los Estados Unidos. Sólo tienes que proponértelo y lucharlo.

Pero en mi opinión esa encomiable idea de igualdad de oportunidades y valores se ha ido pervirtiendo hasta desembocar en una cultura de la escasez.

Me explico. En la cultura del esfuerzo hay una idea implícita “Hay que luchar, competir, esforzarse por conseguir eso que todos queremos, pero que sin duda no hay suficiente para todos.” Y de ahí el “Yo me lo merezco.” “El otro, quién sabe por qué, pero está claro que no lo merece.” “Hay que currárselo, amigo.” “El premio, la supremacía, no está al alcance de todo el mundo.” Mmm… Cultura de la escasez. La vida es un drama con un final feliz solo para los escogidos.

Frente a ella, hay otra cultura, la cultura de la abundancia que parte de una idea revolucionaria: “La vida es un regalo.” ergo “Nadie la merece ni la desmerece.” solo hay que ir aprendiendo a disfrutarla. Quien no lo hace puede ser un ignorante, pero no un necio ni un paria desvalido.

¿Qué es mejor ser rico y socialmente respetado habiendo sacrificado familia y relaciones o pobre y socialmente querido por haber priorizado otros valores?

En la sociedad de la opulencia y el consumismo quién tiene más disfruta menos, quien valora más es más feliz. Menos es más, efectivamente cuando el criterio prima sobre la voracidad y la cantidad.

Como dice Jim Carrey “Mute the drama”. En el primer mundo no hay derecho a la queja si esta distrae la acción. “No quiero ser un repetidor más del drama:” “Quiero convertirme en repartidor de buenas nuevas.”

“No quiero hablar del cambio climático si no renuncio o acoto al mínimo el uso de mi aire acondicionado.” “No quiero criticar a Trump si no voto a quien se le opone con firmeza.” “No quiero escuchar las noticias y pensar que con ello me solidarizo con el drama si luego no cotizo en Médicos sin fronteras.”

No quiero. No quiero ser cómplice de quien solo busca audiencia para adormecer la auténtica implicación y solidaridad.

No, no quiero esforzarme por ser como ellos.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jaspinder Singh en Unsplash

El sufrimiento innecesario

El sufrimiento es inherente al ser humano y muy definitorio de la persona. El placer, aún con sus muchas variantes, nos iguala bastante a todos, mientras que los motivos de sufrimiento son de largo mucho más específicos y personales.

En base a esta reflexión son ya muchos los autores los que apuntan a que demasiadas veces sufrimos por querer defender “nuestra” identidad. Es como si ese dolor fuese tan nuestro, tan íntimo, tan propio, que perderlo sería como enajenarnos, dejar de “ser como somos”.

Esta idea, esta creencia, obviamente inconsciente, es bueno traerla a la consciencia para liberarnos de una adicción que lastra nuestra actitud de por vida en una espiral de dolor que no cesa.

Y es que, al darnos cuenta de lo insano, lo malévolo de esta identificación con “nuestro yo dolor” podemos acabar con el fantasma de nuestro miedo a transitar cualquiera de las emociones que surjan en el presente.

Basta con darnos cuenta de que “nuestra” identidad no requiere defensa alguna sino una mirada fenomenológica y responsable del pasado junto a otra flexible y madura cara a futuro.

En resumen, en mi opinión, sustentada también por otros pensadores como Dokushô Villalba y muchos otros, es importante prestarle atención a hasta qué punto hacemos de nuestro sufrimiento un compañero inseparable de viaje. Hay que ponerle conciencia a qué hacemos con él (¿lo tapamos y nos aislamos? ¿lo dramatizamos y nos enfadamos con el mundo?) Solo así podremos posibilitar un cambio, una forma distinta de afrontarlo, de transitarlo, cosa nada fácil si no le añadimos una fuerte convicción de que no somos lo que pensamos ni sentimos sino un todo (mente, corazón y cuerpo) en evolución, en maduración, transitando desde la identidad a la unidad.

Todo un salto cuántico que es bueno tomárnoslo con calma dejando saltear la vida con pequeños premios recompensa por cada peldaño que nos acerca a esa nueva concepción de nosotros mismos como ríos con destino a fundirse en el mar.

“Viajante no hay camino, se hace camino al andar” decía Antonio Machado, y desde esta nuestra perspectiva, la clave no está ni en el viaje, ni en el camino que nos llega en suerte, sino en los andares, en este paso que ahora mismo puedes dar o no a favor de dejar de sufrir para poder adentrarte en el agradecer.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Lisa Baker en Unsplash

Ideales vs. Valores

Pasar de creencias heredadas a convicciones propias tiene consecuencias insospechadas, entre ellas la de dejar de confiar en ideales rígidos y empezar ha hacerlo en valores revisables.

Una actitud rígida es la máxima expresión de la estupidez humana, porque la estupidez no radica tanto en lo que pensamos o hacemos como en la rigidez con la que lo defendemos. El dogmatismo se basa en particulares generalizaciones disociadas de la realidad.

Frente a ello, una actitud flexible y dialogante permite ir actualizando nuestras creencias, integrando polaridades desde la convicción de que nos conviene escuchar más y pontificar menos.

Y es que los ideales invitan a juicios morales y a adicciones secretas, puesto que en la mayoría de los casos están tapando un conflicto personal de pensamiento (por culpa y expiación) de emoción (vergüenza encubierta) y/o de acción (miedo a la soledad o el aislamiento)

Es pues necesario revisar sin falta los códigos, leyes y normas, explícitas o implícitas, que atentan contra nuestra dignidad (derechos humanos) y/o derechos de pertenencia bajo interpretaciones particulares, por muy dominantes que sean sobre lo que es justo o injusto.

Los ejemplos son fulminantes ¿No pensaría Hitler que su cruzada contra los judíos era justa y apremiante? ¿No diría Netanyahu que la exterminación del pueblo palestino es una respuesta justa a las agresiones de Hamas? ¿No nos hace ver Trump que el proteccionismo acérrimo es justa respuesta al expolio que los europeos llevamos haciendo durante décadas de las arcas estadounidenses?

La justicia siempre se hace en nombre de ideales, frecuentemente vinculados a la religión o la patria, y, en esos casos, deriva casi siempre en agresión y violencia. Si después de más de tres mil años no aprendemos de ello será porque los rígidos ideales priman sobre los valores revisables.

La historia siempre ha estado contada por los vencedores y eso que en el entorno socioeconómico es evidente, en el entorno personal no lo es tanto. Si no, lee o escucha el post/podcast de la semana que viene

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de NANDKUMAR PATELen Unsplash

Creencias vs. Convicciones II OK

Creencias vs. Convicciones DOS

El tema de transformar creencias heredadas en convicciones propias no es tema trivial. Las creencias sin revisión afectan nuestra posición existencial y eso no es poco.

Si mi postura acostumbra a ser el “Yo sí sé. Tú no sabes.” aunque la justifiquemos en nuestra necesidad de “sentirnos útiles” (sentirnos poderosos) el narcisismo y la psicopatía incipiente van a acechar.

Contrariamente, si nuestra postura es la de “Yo no sé. Tú sí que sabes.” El victimismo y la necesidad de sobreprotección arruinarán nuestra vida.

Y si optamos por el pasotismo del “Si es que nadie se entera de nada” la tentación no dejará de oscilar entre el desconectar o destruir cualquier intento de salir del pozo.

El objetivo es sin duda poder situarnos en un win win, en un “Yo sí sé, pero tú también sabes y puedes aportar.”

Parece fácil, pero no lo es, porque las creencias actúan como radar y amplificador de ratificación de todo lo que me ha acompañado hasta ahora, y que, sin duda, mejor o peor, me ha servido.

Contra ello, para transformar creencias limitantes heredadas en convicciones enriquecedoras propias hay cuatro puntales y una reflexión necesaria:

  1. ¿Qué evidencias realmente tengo de esto que yo pienso sobre mi sea verdad? ¿Hay algo por pequeño que sea que lo contradiga?
  2. ¿Puede que haya circunstancias o contextos que propicien esta percepción mía tan viciada?
  3. ¿Es posible que yo haya cometido errores parciales o puntuales que deba subsanar?
  4. En cualquier caso ¿Es esta creencia, este pensamiento repetido sobre cómo soy yo algo que me resulte útil y estimulante hoy, aquí y ahora?

Tanta confrontación nos pone a prueba, y para rematar nos queda una última reflexión:

¿Cómo sería mi vida, para mi y para los que me rodean, ahora y en el futuro, si no cambio de hábito o creencia? ¿Y si cambio?

Menudo reto, pero las consecuencias son enormes. No te pierdas los tres próximos posts/podcasts sobre ello.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Alex Caza en Unsplash

Creencias vs. Convicciones UNO

Si ya tienes claro que todas las creencias no dejan de ser constructos mentales, el siguiente paso es tomar consciencia de que las creencias heredadas nos llegan altamente contaminadas. En ellas se unen arcaicos errores de percepción con mentiras de más que dudosa justificación.

Las creencias que afectan al ámbito personal alteran la autoestima (menospreciándonos o alimentando un narcisismo estéril) y la autoexigencia (llevándonos al pasotismo o el perfeccionismo)

Las creencias que afectan al ámbito relacional inciden en nuestro grado de empatía (arriesgando a la sumisión o necesidad de “salvar” al otro) y nuestro nivel de asertividad (arriesgando a la dominación o “persecución” del otro)

Y finalmente las creencias que afectan al ámbito social repercuten en los sentimientos de culpa y responsabilidad.

Pero no es fácil que uno mismo pueda dictaminar cuales son sus propias creencias limitantes. Para ello es necesario repasar posibles orígenes:

  • Mandatos parentales o educacionales que nos etiquetan en un rol concreto.
  • Prejuicios familiares sobre cómo se ha pensado o se han hecho las cosas en casa de toda la vida.
  • Miedos o inseguridades sin razón aparente.
  • Patrones o inercias de moda que pensamos apoyan nuestro sentido de pertenencia a un grupo o nación.
  • Constructos socioculturales o religiosos infiltrados en nuestra noción sobre lo que hay que pensar o hacer.
  • Parapetos protectores que nosotros mismos nos construimos para no salir de nuestra zona de confort.

Y un largo etcétera de subliminales e inconscientes fórmulas de contravenir nuestra genuina voluntad. De ahí que el primer paso sin duda sea el traer a la consciencia todas esas creencias para transformarlas en convicciones o despreciarlas como un lastre que queremos dejar de asumir para sanear nuestra vida y la de los que nos siguen.

Y ojo, no es que las convicciones propias vayan a ser menos meras construcciones mentales que las creencias heredadas, pero por lo menos serán mi mejor traje a medida.

En fin, si quieres saber cómo salir del circulo vicioso de las creencias limitantes no te pierdas el post/podcast de la semana que viene.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Laurent Gence en Unsplash

Cambio vs. Transformación

El cambio es ineludible, la transformación voluntaria. Sin transformación vivimos, o mejor sobrevivimos, en nuestra zona de confort dónde como sabemos prima el dicho “Mejor malo conocido que bueno por conocer.”

Vivir en la inercia (y en la inopia) es vivir de piloto automático. Nada que objetar, pero la experiencia demuestra que acaba por hartar. Y es que vivir de lo heredado es también vivir alienado y la MidLife Crisis pasa factura. Una vocecita nos va repitiendo: “Si es que no vivo, me viven.”

Uno se pregunta entonces ¿Qué le podemos hacer? Con la intención de responder a esa ínclita pregunta me dispongo pues a acompañar todo un pequeño recorrido de dos meses (hasta final de año) para transformar la “depresiva” alienación en liberadora realización. ¿Te apetece acompañarnos? Las etapas son:

  1. Pasar de creencias a convicciones.
  2. Cambiar rígidos ideales por valores revisables.
  3. Trocar relato por realidad.
  4. Traducir amenazas en oportunidades.
  5. Evitar la proyección ajena para trabajar un proyecto propio.
  6. Desterrar la culpa para centrarnos en la responsabilidad.

Todo ello sin rehuir el esfuerzo, pues ya hemos manifestado de entrada que la transformación personal requiere voluntad, y la voluntad siempre exige un “vale la pena”, un catalizador, algo o alguien que nos empuje a “tirarnos a la piscina.”

Ojalá, sea este escrito tan oportuno como para invitarte a ello. Dicen que mejor caer en gracia que ser gracioso, pues eso busco yo. Ojalá esta lectura te pille en ese momento en que, consciente o inconscientemente, estás esperando un cambio, una transformación en tu vida, y, mira tú por dónde cae en tus manos este post, este podcast que te sirve de mapa.

Sabemos que el mapa no es el territorio, pero bienvenida es la brújula a quién anda perdido.

Como en aquel cuento de las piedras blancas para desandar el camino de la perdición, cada semana encontrarás una pista sobre la que trabajar. Te aseguro que, si lo haces, en poco más de un mes te sentirás como nueva o nuevo, y si no, hablamos y vemos qué ha podido pasar.

Como decimos en peregrinaje el deseo es: “¡Buen camino!”

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Suzanne D. Williams en Unsplash

La épica y la naturalidad

Épica y naturalidad parecen dos términos antitéticos. Es más, si atendemos al diccionario de la Real Academia de la Lengua este extremo se nos confirma.

Dice dicho diccionario que la épica como adjetivo ponderativo se refiere a algo grandioso o fuera de lo común. Y también dice que la naturalidad no es más que la conformidad de las cosas con las leyes ordinarias y comunes. En resumen, que parece que no pueda haber una con la otra.

Personalmente siempre he mantenido una relación de amor odio con la épica. Me parecía tanto una innecesaria exaltación egoica como el rasgo más humano de todos los que se puedan mencionar. Pero recientemente he podido no solo hacer las paces con ese término, sino devolverle ese brillo y esplendor que constantemente me negaba el poder denostarlo definitivamente. Y la clave ha sido entender que la mejor épica, la épica de verdad, es la que se da con toda naturalidad. Basta de fastos y boatos, la gesta cotidiana o por lo menos callada, gratuita, es la que realmente infunde el valor a lo épico.

Esa épica que marida bien con la satisfacción interior, que no requiere alabanza ni premio externo se me antoja como la única verdadera. Admito gradaciones, obviamente puede que la gesta sea pública y notoria, con lo cual se haga difícil el mantenerla en el anonimato, pero, en cualquier caso, si de entrada se busca directa o indirectamente el reconocimiento ya no es nada épico.

Toda esta retórica me parece absolutamente de actualidad toda vez que hoy en día, incluso los actos más loables requieren indefectiblemente del festejo público. Lo que no es noticia no existe, o parece no existir. Desde aquí pues me gustaría romper una lanza en favor de todos aquellos gestos que (aunque no necesariamente vistos como gestas) buscan desinteresadamente el bien común. Puede tratarse de un acto grandioso o minucioso, pero lo que lo magnifica es la satisfacción individual y la naturalidad con la que se ejerce.

A título de ejemplo me viene ahora a la memoria esta nueva actividad semideportiva del plogging (neologismo sueco que combina el “plocka upp” (recoger) con el “jogging” (correr)) Ejercicio sin duda ecológico el de recoger a nuestro paso la basura “olvidada” en cualquier rincón, pero también épico, en el sentido arriba mencionado.

Y es que no hay como el zen de las pequeñas cosas para conjugar perfectamente épica y naturalidad.

Mmm… ¡Qué buena la épica sin heroicidad, proclama ni particular identidad!

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Bradley Dunn en Unsplash

Libertad, responsabilidad, voluntad

Ante la barbarie imperante se va imponiendo de una manera sorda pero implacable entre muchos de nosotros la idea determinista de que tenemos un fatal destino predefinido y que nada o muy poco podemos hacer para cambiarlo. Incluso hay torticeras interpretaciones de la filosofía Advaita que tanto admiro que confunden el fluir (sin fondear) con el dejar pasar sin sentir.

Pero en mi opinión debemos rebelarnos frente a ello. Y me atrevería incluso a decir que debemos hacerlo sea cierto o no el que nuestro margen de maniobra sea más minúsculo de lo que creíamos porque la epigenética y la cultura gregaria nos dominan a placer.

Mi primer argumento contra el determinismo es demoledor: toda creencia es un constructo mental. Si aceptamos ese hecho automáticamente estamos asumiendo un cierto grado (notable) de libertad. Y cuando hay libertad hay responsabilidad.

Hasta ahí lógica cartesiana pura y dura. A partir de ahí psicología positiva, pero no fantasiosa, no de verlo todo de color de rosa, sino de asumir junto al binomio libertad/responsabilidad un cierto compromiso de esfuerzo. ¿Esfuerzo para qué?

Esfuerzo en validar qué creencias quiero para mí y cuáles no. Es decir, transformar creencias en convicciones. Es necesario revisar las creencias inerciales, heredadas o machacadas por el sistema, y darles o no nuestro visto bueno en función de si hoy, aquí y ahora, me resultan válidas y oportunas.

Es obvio que la zona de confort nos invita a seguir con lo que mejor o peor nos ha llevado a dónde estamos. Es obvio que todos los mecanismos neuróticos que “nos han salvado la vida” hasta la fecha frente a tantos y tantos temores infantiles no pueden desparecer de la noche a la mañana. Es obvio que si siempre hemos andado con muletas nos de miedo desprendernos de ellas. Pero está igualmente claro que andar sin ellas es un buen objetivo vital antes de que la vejez nos invite a coger un bastón para evidenciar cierta regresión.

En resumen, hacer de nuestras creencias limitantes convicciones estimulantes no es un trabajo gratuito, requiere voluntad y esfuerzo. Pero para ejercerlos primero hay que tomar consciencia de que hay un espacio de libertad/responsabilidad. Asumirlo es la respuesta existencial de Viktor Frankl al determinismo culpable de un pecado original tan desconocido como reconocido.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jamez Picard en Unsplash

 

La Gestalt

No es la primera vez ni la segunda que un paciente o impaciente me pregunta a bocajarro ¿Qué es la Gestalt? Obviamente la tentación es responder con el relato histórico y la sucesión de personajes que la han honrado: desde Fritz Perls a Claudio Naranjo pasando por Guillermo Borja o todos los ilustres españoles que la han seguido. Pero yo me pregunto ¿eso les aclara algo? Por lo demás, está claro que el garbo se demuestra andando y que lo mejor para conocer la Gestalt es hacer proceso terapéutico. Pero los curiosos insisten.

Es por lo que me he decidido a preparar un breviario como resumen de lo que para mi resulta más significativo de esta manera de trabajar:

  • El aquí y ahora como base de trabajo.

Cuando la reacción no es acorde al estímulo (en exceso o en defecto) indudablemente eso es debido a que algo del pasado resuena en esa persona. “Cuando dices/haces… yo me siento… porque eso me conecta con… (algo que yo recuerdo o no, pero que está en mi pasado)

No se trata de consolar ni aconsejar sino de acompañar la integración de polaridades enfocando en la repetición casi siempre inconsciente de conductas disfuncionales. Es decir, acabar con el yo soy así o asá. Acabar con ese “personaje” que nos encorseta y liberar nuestra espontaneidad más auténtica sin excesivo “sincericidio”.

  • Ver qué hay de mío y qué hay de otros en lo que me sucede.

Pasar de la óptica de la culpa (de herencia judeocristiana) a la óptica de la responsabilidad. Preguntarnos regularmente ¿Qué hago yo para merecer esto? y seguir ronda en el Círculo Contacto Retirada:

Prestar atención (vs. llamar la atención) Ver qué hago figura y qué lanzo al fondo. >> ¿Qué siento al tomar conciencia de eso? ¿Qué se me mueve? >> ¿Es algo que se me repite? ¿Qué me pasa a mí con ese tema, esa persona, esa circunstancia? >> ¿Qué hago yo normalmente frente a ello? >> ¿Hago algo que invita a que se me repita? >> ¿Qué podría hacer en su lugar?

Y con todo ello prestar atención a que los mecanismos neuróticos o mecanismos de defensa no son más que barreras que impiden el fluir de la autoregulación (organísmica)

Fondear para fluir, esa es la cuestión Gestáltica.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jamez Picard en Unsplash

 

La escucha generosa

La escucha generosa no llega por casualidad, primero hay que tomar conciencia de la escucha replicativa que tanto observamos, luego practicar la escucha de espera para no resultar invasivos, y finalmente superar la escucha selectiva que sólo escucha lo que quiere oír.

La generosidad en la escucha tiene sus bases y sus beneficios.

Las bases son cuatro: la presencia (atención en el aquí y ahora) la curiosidad (opuesta a la cerrazón) la pregunta aclarativa (o de mera paráfrasis confirmativa) y el interés por la motivación subyacente.

Los beneficios son múltiples: sentir la frustración tras la crítica, la inseguridad o la envidia detrás de la agresión y el miedo que surge de la resistencia al cambio. Sentir en suma la necesidad que hay detrás de cada expresión, lo que revela un poder ilimitado de comprensión, negociación y relación.

A partir de ahí dominar el silencio productivo no es tan difícil. Se trata simplemente de dar tiempo para procesar y que el otro además se sienta atendido. Se trata en realidad de escuchar para entender, comprender y aprender en lugar de para enfrentar, confrontar y apretar. Dicho de otro modo, se trata de escuchar para entender motivaciones y no para enfrentar posiciones.

Parece simple y es que es simple, somos nosotros quienes lo complicamos porque nos gusta más hablar que escuchar, puntualizar que ponderar, replicar que revisar.

Observar, escuchar, silenciar nos devuelve a un estado amniótico e hipnótico de ancestral felicidad. No hay más que probarlo para sentirse atraído por ese estado advaita de fluencia y confluencia.

Fluir y fondear, esa es la cuestión. Fluir en la expresión y escucha, fondear en la motivación y entendimiento.

Ser generosos en la escucha tiene un retorno inmenso e inesperado. Todo lo que das te vuelve multiplicado y el otro deja de ser un yermo desierto de aviesas conclusiones para convertirse en un vergel de atractivas alusiones. Da que pensar, da que sentir, y eso, eso es lo que es vivir.

Deja de luchar, deja de querer demostrar y dejarás de suspirar por meramente sobrevivir.

El agradecimiento y la generosidad mueven el mundo, todo lo demás son motores contaminantes.

Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial

Foto de Jamez Picard en Unsplash