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Estrés, ansiedad o angustia vital. Primeros auxilios.

7 marzo, 2021

Cuantas veces habremos oído o vivido eso de “Estoy estresada.” “Estoy estresado.” “Tengo mucha ansiedad.”… y sin embargo, pocas veces nos habremos parado a reflexionar si hay diferencias entre uno y otro estado.

¿Es lo mismo el estrés que la ansiedad? ¿Son todos ellos parejos a la angustia? Más allá de las definiciones de diccionario, a mi parecer, desde el punto de vista terapéutico puede ser clave el diferenciar una cosa de otra.

El estrés se da en el presente. Hay un exceso de actividades en juego y uno no es capaz de atender como cree que es debido todas ellas. Podría decirse que el estrés es hijo del “multitasking” tan en boga, pero sin duda también lo es de la presión social por el “estar al día”. Cabría preguntarse entonces “estar al día” de qué, pero eso sería motivo de otro post.

Sin perder el hilo del estrés “sobreocupado” parece lógico pensar que la solución pasa por dos “fármacos” esenciales: la atención bien orientada, y la concentración bien priorizada (también llamada criterio) ¿A qué presto atención? ¿Dónde pongo mi energía? Son dos preguntas clave para empezar a tratar el estrés sobrevenido.

Cierto es que si dejamos que este perdure, puede devenir en ansiedad crónica, y entonces el tema ya escapa al presente. En ansiedad, lo que tememos es el futuro, el futuro inmediato, que, a juzgar por el pasado y presente, amenaza ser aterrador. En ese caso, la “receta” de primera instancia, es volver al presente. “Curar el miedo” anclándonos en el aquí y ahora a buen seguro mucho más plácido que las previsiones. Una vez en el presente ya podremos plantearnos las dos preguntas clave antes mencionadas.

Otra cosa es cuando lo que nos afecta es la angustia vital. Ahí el tema es aún más delicado. En la angustia, hay un poso de tristeza ancestral que dificulta cualquier otro asentamiento, sea en el presente, pasado o futuro. Todo parece un cúmulo de negros nubarrones. Y ¿Cómo reafirmar el cielo azul desde esa perspectiva? Ahí, como señala el psiquiatra Irvin Yalom en su libro Psicoterapia Existencial (referido en Fuentes de esta misma web) el remedio pasa por la compasión: Una compasión que arranca de la amabilidad, amabilidad con el prójimo, y por ende con uno mismo, amabilidad que nos procura aceptación y un balsámico sentimiento de autenticidad. Sin generosidad la angustia vital no tiene cura.

En fin, lo dicho, estrés, ansiedad y angustia no son lo mismo, y, consecuentemente, no atienden a idénticos remedios. Uno puede tomarse un ibuprofeno cada día cuando llega del trabajo con dolor de cabeza, pero mejor que fuese sólo un paracetamol ocasional sin efecto antiinflamatorio, o mejor aún, probar con diez minutos de meditación y ver qué pasa. Es habitual en nuestros días tapar el síntoma en lugar de remediar las causas. ¿No crees?

Foto de Bacila Vlad en Unsplash

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