Ir al contenido principal

¿Cuál es tu zona de confort?

22 febrero, 2024

Hoy en día todo corrillo que se precie en interesarse por el crecimiento personal habla de la zona de confort. Pero ¿Qué es en realidad la zona de confort? ¿Es realmente tan confortable como parece? ¿Por qué entonces habría que salir de ella?

En mi opinión, nuestra zona de confort se caracteriza por ser ese lugar emocional en el que nos sentimos cómodos, arropados como “en casa”, porque es un estado conocido desde muy pequeños, el lugar en el que nos hemos refugiado, o desde el que nos hemos rebotado, cuando “fuera” han ido mal dadas.

Pero no es fácil describirlo, ni tan siquiera tomar conciencia de él. Hay algo de piloto automático que nos conduce repetidamente a ese lugar sin que nos demos cuenta. Y no acostumbra a ser especialmente sanador no placentero, sino más bien en teoría “fácil de manejar”.

Es por ello por lo que cuando quiero averiguar cuál es la zona de confort de mis impacientes, les sorprendo con la pregunta: ¿Cuál de las cuatro emociones básicas (rabia, miedo, tristeza o alegría) te es en realidad más difícil de gestionar productivamente?

¿Es la rabia que te deslumbra con arrebatos narcisistas? o lo que viene a ser lo mismo ¿La rabia de la que te gusta vanagloriarte por saber sistemáticamente reprimirla y censurarla?

¿Es la tristeza que te sume en un dulce estado victimista, apático y semidepresivo?

¿O es el miedo paralizante que te reconforta al valorarlo como coherencia, control y extrema prudencia?

¿No será la alegría que te lleva fácilmente a una euforia fantasiosa de finales decepcionantes?

Reconocer esa inercia perniciosa hacia un mal uso de las emociones es fundamental para determinar cuál es nuestra zona de confort emocional, aquella en la que nos sentimos tan cómodos que es dónde vamos a parar cuando cualquier alteración situacional nos cuestiona nuestro estado anímico.

A nivel emocional, saber dónde nos movemos con soltura es muchas veces también dónde tenemos más área de mejora, y eso nos ayudará a conocer nuestra zona de confort y reconocer que esa pretendida comodidad no es más que costumbre. Y hay costumbres que nos atan innecesariamente a estados neuróticos nada agradables.

Si desde pequeño andas con muletas puedes llegar a creerte que eso es fantástico y que nunca podrás avanzar sin ellas, pero en cuanto las sueltes, salgas de tu zona de confort emocional y cruces la brecha del desaliento inicial, podrás correr como nunca tras aquello que en el fondo siempre habías deseado.

Foto de Jordan Opel en Unsplash

Comentarios (2)

💬 Comparte tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *