¿Cuál es tu zona de confort?
Hoy en día todo corrillo que se precie en interesarse por el crecimiento personal habla de la zona de confort. Pero ¿Qué es en realidad la zona de confort? ¿Es realmente tan confortable como parece? ¿Por qué entonces habría que salir de ella?
En mi opinión, nuestra zona de confort se caracteriza por ser ese lugar emocional en el que nos sentimos cómodos, arropados como “en casa”, porque es un estado conocido desde muy pequeños, el lugar en el que nos hemos refugiado, o desde el que nos hemos rebotado, cuando “fuera” han ido mal dadas.
Pero no es fácil describirlo, ni tan siquiera tomar conciencia de él. Hay algo de piloto automático que nos conduce repetidamente a ese lugar sin que nos demos cuenta. Y no acostumbra a ser especialmente sanador no placentero, sino más bien en teoría “fácil de manejar”.
Es por ello por lo que cuando quiero averiguar cuál es la zona de confort de mis impacientes, les sorprendo con la pregunta: ¿Cuál de las cuatro emociones básicas (rabia, miedo, tristeza o alegría) te es en realidad más difícil de gestionar productivamente?
¿Es la rabia que te deslumbra con arrebatos narcisistas? o lo que viene a ser lo mismo ¿La rabia de la que te gusta vanagloriarte por saber sistemáticamente reprimirla y censurarla?
¿Es la tristeza que te sume en un dulce estado victimista, apático y semidepresivo?
¿O es el miedo paralizante que te reconforta al valorarlo como coherencia, control y extrema prudencia?
¿No será la alegría que te lleva fácilmente a una euforia fantasiosa de finales decepcionantes?
Reconocer esa inercia perniciosa hacia un mal uso de las emociones es fundamental para determinar cuál es nuestra zona de confort emocional, aquella en la que nos sentimos tan cómodos que es dónde vamos a parar cuando cualquier alteración situacional nos cuestiona nuestro estado anímico.
A nivel emocional, saber dónde nos movemos con soltura es muchas veces también dónde tenemos más área de mejora, y eso nos ayudará a conocer nuestra zona de confort y reconocer que esa pretendida comodidad no es más que costumbre. Y hay costumbres que nos atan innecesariamente a estados neuróticos nada agradables.
Si desde pequeño andas con muletas puedes llegar a creerte que eso es fantástico y que nunca podrás avanzar sin ellas, pero en cuanto las sueltes, salgas de tu zona de confort emocional y cruces la brecha del desaliento inicial, podrás correr como nunca tras aquello que en el fondo siempre habías deseado.
Foto de Jordan Opel en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Visto el título y antes de leer el artículo, pensé, a ver ¿cuál es la mía? me contesté y por lo que veo no tiene nada que ver con lo que se plantea aquí, pues pensé en aquellas situaciones en las que estoy a gusto, disfruto, y parece que en este texto la zona de confort es inconfortable.
Me he dado cuenta de que me ocurre con frecuencia, se pone de moda una expresión y entiendo que significa lo que dice, y luego resulta que no, para nada, significa otra cosa que no tiene nada que ver con el significado de las palabras que la integran, pero que parece que la mayoría la interpretaban en esa otro sentido, que ya te digo, me parece un sinsentido.
Como el título es una pregunta, y no la interpreto como retórica, la voy a contestar: la mía está en aquellos momentos en los que, en grupo, soy parte de una conversación que versa sobre cuestiones trascendentes (en el sentido de opuesto a banales no a inmanentes), y en la que argumentativamente sostengo la postura minoritaria. Y si la autoridad de cualquier tipo es la otra parte, entonces es todavía más confortable. Me encantan esos momentos.
Me ha venido a la mente la idea de que quizás sea eso lo que haga, y que ha sido tan habitual en mi vida, que los otros no quieran jugar conmigo…en fin…a estas alturas he aprendido a aprovechar todas las oportunidades para iniciar el juego y tomar al contrincante desprevenido, sin poder escapar fácilmente
Hasta la próxima
Qué interesante!! La Gestalt es precisamente la terapia del “darse cuenta”. Qué bueno que veas tan claramente dónde te sientes más cómoda.
Si quisieras profundizar en ello yo te sugeriría preguntarte cuál es la emoción que subyace ahí. Apostaría a que es la rabia.
Si así fuere, mira cómo manejas el resto: el miedo, la tristeza, la alegría… Tal vez tirando de ese hilo puedas averiguar algo más de ti que te pueda resultar de utilidad.
Suerte. No es camino fácil. Abrazoo.