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Viva la vida

27 septiembre, 2024

Viva la vida, menuda expresión. Más allá de canturrear en alguna ocasión la canción de Coldplay en la ducha ¿Cuántas veces habréis gritado a pleno pulmón esa arenga tan entusiasta?

Mi teoría es que a medida que pasan los años esa energía, esa “joie de vivre” que dicen los franceses, va mermando, o por lo menos no grita con tanta fuerza. Pero, en cualquier caso, lo que me interesa señalar hoy aquí es que ese “élan”, ese empuje a partir de los 50 hay que trabajárselo.

Cuando profesionalmente ya lo hemos dado casi todo, cuando los hijos ya hace tiempo que campan solos por sus fueros, cuando los achaques cada vez se presentan con mayor descaro, cuando la muerte de referentes y seres queridos está a la orden del día, el entusiasmo hay que refrescarlo constantemente. Porque en esa etapa de “tanta seniority” y cana blanca, la tentación (no siempre reconocida) está en otear el horizonte y avistar el abismo.

Frente a ella sólo se me ocurren tres posturas: obviar, esperar o preparar.

Obviar la reflexión sobre la muerte me parece la más común. “Qué ganas de amargarse.” Pero la Parca es tozuda e insiste cada vez más vehementemente en recordarnos eso del “Memento Mori.” Las necrológicas están ahí, y aunque las obviemos, la televisión, los sucesos y los decesos no dejan de evidenciarnos que la cosa se acerca.

Esperar la muerte, es lo más triste. La conciencia tiene estos gajes. Si sólo vemos el problema, la obsesión prima sobre la solución. “Quien espera se desespera.” Y todo lo mundano parece entonces ajeno, lejano…

Está claro pues que “la buena opción” es prepararnos para la muerte (suerte inevitable) pero… ¿Cómo prepararnos para la muerte?

Ahí si lo tengo claro, no hay mayor consuelo a ese desenlace que el de haber vivido en plenitud, el de haber agradecido cada día, cada hora, cada minuto de esta aventura peligrosa que es la vida. El objetivo está claro: que San Pedro, Snoopy o quien quiera que sea el que esté ahí arriba en la recepción nos suelte “Anda pasa cabrón, deja de lloriquear, será que has aprovechado poco la estancia ahí abajo.”

Posiblemente muchos penséis que esta es una visión trivial, laica, que olvida el gran soporte de la fe religiosa y su manifiesta apuesta por la trascendencia tras hacer escala en este mundo tan terrenal, pero yo no lo veo así. En mi opinión la fe apoya principalmente la esperanza y no tanto el consuelo. De ahí que cuando el despeñado del chiste se siente apelado por dios y este le conmina a dejarse caer, no pueda evitar el agradecerle el buen augurio, pero al mismo tiempo gritar “¿Pero hay alguien más?”

En fin, yo creo que el consuelo sólo lo procura el no haber perdido comba, el haber gritado a diario “Viva la vida” incluso cuando esta se nos ponía de espaldas (y si no “que baje Dios y lo vea.”)

Foto de Marc Kleen en Unsplash

Comentarios (2)

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