Talento vs. Vocación
Debate nada retorico el que enfrenta talento vs. vocación.
El talento innato o adquirido es una facilidad que tarde o temprano nos conduce a ese trabajo, a esa profesión, en la que lucimos, porque nos resulta “natural”. Se nos da bien, el Mercado lo valora, y pronto nos mece/adormece en nuestra zona de confort profesional. Pero ojo que también tarde o temprano podemos descubrir que no, que no es eso lo que en verdad queremos.
Raras veces coincide una cosa y otra. Hasta Woody Allen reverenciado por su talento cinematográfico lamenta su no tan alta excelencia con el clarinete.
Pero ¿Qué es pues lo prioritario?
Me encanta esa reflexión tan poéticamente bien expresada: “No es el oso quién cruza la carretera. El la carretera la que cruza el bosque.”
¿Qué es primero el talento o la vocación? (Obvio aquí intencionadamente esa minoría premiada para la que ambos coinciden)
Temporalmente está claro que el talento manda. Es un don, y esa energía cuesta esquivarla cuando está tan claro que ayuda a pagar la hipoteca, pero vivencialmente es clave darnos cuenta que es la vocación la que debería dominar.
Trabajar en lo que vocacionalmente te llama, te motiva, te llena, no tiene precio. Las horas dejan de contar. La energía deja de menguar. La vida deja de pasar.
Llegados a este punto me viene a la memoria esa frase de “Tenemos dos vidas, y la segunda empieza cuando ya nos damos cuenta de que sólo una nos queda.”
Descubrir nuestra genuina vocación no siempre es fácil. A veces lleva años, pero como cuando uno se enamora uno reconoce que todo es distinto a como antes lo había concebido.
La vocación, como el enamoramiento es fruto de una enajenación mental que nos sumerge en el presente con tal intensidad que pasado y futuro desaparecen. Ni el dinero ni el esfuerzo son ya relevantes, uno avanza por puro amor.
Y es que la vocación es gloria bendita.
Si nunca la has experimentado no sabes lo que te has perdido. Enamorarse y trabajar en lo que vocacionalmente nos llena es lo que da sentido a la vida. Aunque aparentemente no deje de ser un sinsentido.
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Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Muy poético te ha salido este texto.
Enamorarse y trabajar en lo que es vocación…esto es lo que da sentido a la vida…no, qué va, no es esto lo que le da sentido. Según tengo entendido el enamoramiento se acaba, dura un tiempo y blufff, ¿repentinamente o progresivamente? desaparece (no lo sé no lo he experimentado) entonces ¿la vida ya no tiene sentido la vida cuando ya no estás enamorado?
Y la vocación, sí que es cierto que hay muchos ejemplos que podrían corroborar esto que dices. Que cuando han encontrado su vocación le han encontrado el sentido a la vida, y entonces han sido capaces de enfrentar cualquier cosa: Santa Tecla, Santa Filomena, Maximilian Kolbe, Takashi Nagai…el quid de la cuestión es encontrar esa vocación y mientras tanto ir llenando la vida de pequeñas cosas que la vayan llenando
Veo que no me he expresado con claridad. El enamoramiento es efectivamente pasajero, pero la vocación no tanto. La vocación se va larvando con el tiempo, pero cuando finalmente se desvela uno reconoce que siempre estuvo allí y qué, en mi opinión, es la que en buena parte, da sentido a la vida, puesto que nos llena de energía y nos permite vaciarnos en el otro, la comunidad…