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¿Qué es eso de la integridad profesional?

1 junio, 2023

Hace poco más de quince años yo era un apasionado investigador de Mercado. Junto a mi equipo de EuroNet Research conseguimos que las galletas españolas no fuesen devoradas por los cereales americanos, que nuestro jabón de avena vendiera más que el líder de las pieles sanas, que La Vanguardia recuperara la contra, que una de las más grandes energéticas del país no perdiera posicionamiento comercializando lo que no tocaba… ¡Qué tiempos aquellos!

Pero poco a poco, con el sigilo de lo tramposo, el Mercado de la Investigación de Mercado se fue prostituyendo. La primera vez que me preguntaron a cuanto cobraba la dinámica de grupo recuerdo que colgué el teléfono y me fui a casa enfurecido. Eso era todo un mal presagio: vender servicios “al peso” supone no saber qué estás comprando. Nunca compres barato algo que no dominas, porque el timo y la degradación de la oferta será cuestión de tiempo, poco tiempo.

Por suerte hace ya casi diez años que me pasé a la formación y terapia. Y hoy me ha venido a la memoria esa pérdida generalizada de la integridad profesional gracias a dos ejemplos que se han sucedido en cuestión de horas: el prolongado y sospechoso silencio de un potencial cliente de formación, y el repentino cambio de rumbo de una potencial paciente.

Cuento el detalle. Hace un par de semanas el cliente de formación se interesó por mi taller de liderazgo comunicacional. Encantado con las referencias que le ofrecí, estaba ya listo para adjudicarme el proyecto, pero en aras a la honestidad, le mencioné que, si el grupo iba a superar los quince alumnos y quería la misma intensidad de personalización y prácticas, quizás sería bueno trabajarlo en dos grupos. Bien, pues ahí se enrocó el cliente pidiendo que le cobrara los dos grupos a precio de uno. Sí, sí como el que va al supermercado y exige que le cobren el precio de un kilo de naranjas por el doble de peso. Nadie habló de una oferta 2 x 1. Pero lo peor del caso es que, enfurruñado, ni ha dado más señales de vida ni se nos pone al teléfono.

Y caso parecido con la impaciente que me exigía consulta online inmediata. Cuando tras escuchar su caso le he dicho que deberíamos por lo menos hacer una primera sesión presencial se ha sorprendido y me ha dicho que ciertamente era una muy buena idea, pero un par de horas más tarde me ha anulado la sesión y consecuente terapia bajo pretexto de que ha encontrado por internet alguien más barato y cercano con quien hacer incluso esa primera sesión presencial…

Tras esos dos inesperados golpes de timón me he quedado un ratillo atónito. ¿Cómo puede pensar una empresa solvente que un proveedor le va a ofrecer un descuento del 50% simplemente porque ese mismo proveedor la ha hecho ver que calidad y cantidad son poco compatibles? ¿Cómo puede una impaciente resolver su neurótica urgencia si se “casa con el primero que pasa”?

Tras esas dos preguntas he sonreído y me he servido un Gin Tonic para celebrar no haber sucumbido a la tentación cicatera y mantener integra mi profesionalidad.

Y es que la integridad no se reconoce en la tramposa tirantez del que intenta colarnos sus fantasías de omnipotencia, sino en la convicción personal de quien cree firmemente en lo que ofrece, y por eso se hace merecedor de un cierto respeto y reconocimiento.

Moraleja Post Scriptum: Uno siempre acaba trabajando para los clientes/pacientes que merece.

Foto de Oli Woodman en Unsplash

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