Ir al contenido principal

Neurociencia del hábito.

23 diciembre, 2022

Dice el refrán que el hábito no hace al monje, pero en cierto sentido yo creo que si, absolutamente. Lo único que tenemos es tiempo, y el mayor consumidor de tiempo es el hábito. Así que es bueno prestarle la máxima atención y aprender a:

  • Desarrollar hábitos rentables a nuestro propósito, y…
  • Desarticular hábitos que nos quitan energía para otros temas.

La buena noticia es que ambos vectores resultan ser vasos comunicantes. La mala es que todo cambio implica ansiedad y pereza.

En este sentido, la neurociencia nos ayuda señalando que la mente se automotiva sin dificultad con previsiones de marco temporal corto, pero es mucho más recelosa a acometer acciones de “recompensa” temporal alejada. En cuanto sospecha que “la cosa no es tan fácil” que “el tema va para largo” es muy probable que “tire la toalla”.

Por lo demás, objetivos y hábitos están en constante interacción, y es por ello que es importante una buena preparación. Es decir:

  • Estudiar las señales de contexto. Referencias de éxito. Pruebas de valor, Herramientas de ayuda…
  • Analizar tanto nuestras propias señales de mejora para automotivarnos, como las señales de evitación (o fricción límbica: ansiedad y/o pereza) para advertir esos primeros signos de entrada en modo reactivo y poder sobreponernos antes de que la pulsión sea incontrolable.
  • Premiar los resultados, las señales de incipiente habitualidad con algo que las evidencie.

Y todo esto funciona, funciona tanto para activar como para inhibir cualquier hábito que modele nuestra vida.

Gustavo G. Diez, neurocientífico de reconocido prestigio, nos aporta además una propuesta en tres pilares para “hackear el cerebro” a fin de facilitar ese cambio:

  1. Reconocer que el hábito está muy ligado al cuerpo y tramar la oportunidad de cambio cuando estemos realmente preparados, lo cual parece lógico, porque todos sabemos que el comportamiento compulsivo es mucho más frecuente cuando uno está estresado. O dicho inversamente, el cambio es más fácil de acometer cuando uno está en un estado energético alto.
  2. La mejora constante es normalmente más solvente que el súbito arrebato (aunque toda energía sea válida y toda generalización errónea) Una estrategia Kaizen de mejora centrada en pequeñas “metas volantes” parece mucho mejor que una aspiracional objetivo idealizado e inalcanzable. Hay que aprender a desmenuzar grandes acciones en pequeñas actividades.
  3. Disponer de un buen método ayuda, sin duda. ¿Te has parado a pensar qué tareas de tu día a día son absolutamente prescindibles? ¿Qué inercias castigan tu agenda? ¿Tienes demasiadas urgencias? ¿Te has dado permiso para cometer errores y perder momentáneamente eficiencia en aras a una mayor eficacia?

En fin, hasta aquí puedo leer, para el resto te sugiero que te apuntes a mi curso sobre gestión del tiempo: una verdadera Weekypedia sobre cómo disponer de más agenda sin perder los papeles. 😉

Foto de Thomas Oxford en Unsplash

Comentarios (2)

💬 Comparte tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *