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La trascendental intrascendencia.

23 marzo, 2023

¡Cuánto se ha hablado, escrito y sentenciado en nombre de la trascendencia! Desde la más anciana antigüedad nos hemos preocupado por cómo, cuándo y dónde estaremos, o por lo menos por cómo seremos recordados una vez la muerte nos alcance. Ni tan siquiera el budismo es ajeno a tal tentación. Bien sea como premio, castigo u oportunidad de redención/reencarnación la idea de trascendencia parece de lo más atractivo.

Nada que ver con la intrascendencia, reducida a unas escasas referencias de locos intelectuales seducidos por la evanescente inmanencia de las cosas, la naturaleza y la vida misma.

Y esto me lleva a reflexionar: ¿no será que tanta ocupación/preocupación por la trascendencia nos está nublando la vista hasta el punto de no dejarnos disfrutar plenamente del presente, de lo efímero y necesariamente pasajero?

El diccionario María Moliner define inmanencia como “Término filosófico (…) aplicable a lo que es esencial al ser, e inseparable de él” (SIC)

No puedo dejar de sonreír. “Término filosófico” es decir, nada común y corriente, aunque “esencial”, y nada menos que “esencial al ser”.

Tal vez pues sea bueno hablar de ello, “desempolvar” el término de los papiros filosóficos y actualizar/reclamar su vigencia, porque nunca como ahora el presente se nos hace tan necesario y evidente.

Lo intrascendente, lo inmanente, lo meramente presente, gratuito y evanescente debería ganar enteros frente a una trascendencia que ha demostrado ser poco creíble a pesar de tanta literatura y propaganda.

Sin drama, épica ni tragedia la vida se levanta de nuevo limpia y pura a cada momento. Por qué no aprovecharlo.

Olvidemos por un momento la memoria, recuperemos la mirada virgen del niño que lo ve todo por primera vez sin juzgar, sin malinterpretar, sin dudar. Dejémonos caer por unos instantes en esa mente zen, mente de principiante. ¿Cómo te sientes?

¿Sientes esa calma que desvanece cualquier prepotencia, juicio, palabra, preocupación, resistencia, ambición y apego?

¿Sientes esa clama que amanece con energía, satisfacción, resiliencia, agradecimiento… que amanece en silencio, con aceptación y compasión infinitas?

¡Waw!! Si lo sientes, aunque sólo sea por un infinitesimal segundo, felicidades. Bienvenido a la trascendental inmanencia, esa que el diccionario definía como filosófica, pero que en realidad sabemos que es antológica.

Foto de Alexander Sinn en Unsplash

Comentarios (2)

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