Ir al contenido principal

La confianza da asco.

23 septiembre, 2022

Dice el dicho que la confianza da asco, pero yo me digo a mí mismo, si la confianza da asco, la desconfianza da pavor.

Nos han introyectado la necesidad de controlarlo todo, de tenerlo todo controlado, y eso, sin duda, lleva asociada una ansiedad sólo asumible por la locura o la adicción (al alcohol, las drogas, los antidepresivos, los ansiolíticos o cualquier telebasura anestésica)

¡Control vs. Confianza, vaya pelea! El control viene casi siempre enervado por una sensación de omnipotencia. La confianza en cambio descansa en una mucho más humilde, aunque valiente, vulnerabilidad.

Pero, dejémonos de conceptos y filosofías. ¿Cómo se gana uno la confianza del otro? La confianza de un hijo, de un compañero o compañera de trabajo, de un jefe, de nuestra pareja…

La respuesta no es obvia. Para alcanzar la confianza del prójimo es necesario un acuerdo, tácito o explícito, pero un acuerdo de límites. Sí, aunque parezca paradójico, sólo los límites acotan territorio y permiten sentirnos seguros y confiados en su interior. Entonces ya no hay que controlar constantemente, basta con observar si se traspasan líneas rojas.

Los límites, lo que sí y lo que no, permiten el compromiso, y el compromiso libera muchísima energía. Cuando uno se compromete ya no tiene que plantearse la duda de la elección hasta nuevo aviso. Un extremo interesante que mucha gente olvida. El compromiso no es un lastre, no es una condena, no es un castigo, sino que, bien entendido, es una maravillosa liberación de tiempo y energía.

Es más, sin compromiso no puede haber flexibilidad. Curiosa vinculación que nuevamente muchas veces obviamos.

En resumen, sin límites no hay compromiso ni flexibilidad posible, y sin todo ello, la confianza siempre está en jaque, siempre en duda. Y cuando eso ocurre, el control obsesivo se hace imprescindible.

Vivimos en entornos complejos, dónde como enunciábamos al principio, la ansiedad, la desconfianza y el control exhaustivo nos llevan por el camino de la amargura. En mi opinión, hay que recuperar la cordura, parar, tomar conciencia de hacia dónde nos lleva tanto desatino, y tomar medidas: establecer límites, saber expresarlos de manera tan empática como asertiva, y disfrutar de compromisos estables, flexibles, pero ajenos a demasiadas “tolerancias” que, de hecho, en la mayoría de casos no hacen más que esconder la desconfianza en uno mismo.

Al escribir estas últimas frases, me viene a la mente que tanto la meditación como la comunicación no violenta son dos excelentes patas para iniciarnos confiadamente en ese camino de saneadas relaciones. Meditación para detenernos y dejar aflorar una conciencia más empática y compasiva. Comunicación asertiva para expresar abiertamente lo que necesitamos, los límites de nuestro compromiso, y el ferviente deseo de disfrutar de un espacio común de confianza compartida.

Todo un camino de satisfacción personal para llegar al más absoluto confort emocional en la familia, la pareja, el equipo, la empresa o simplemente en la vida de cada uno.

Foto de Tobias Tullius en Unsplash

Comentarios (4)

💬 Comparte tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *