La Gestalt
No es la primera vez ni la segunda que un paciente o impaciente me pregunta a bocajarro ¿Qué es la Gestalt? Obviamente la tentación es responder con el relato histórico y la sucesión de personajes que la han honrado: desde Fritz Perls a Claudio Naranjo pasando por Guillermo Borja o todos los ilustres españoles que la han seguido. Pero yo me pregunto ¿eso les aclara algo? Por lo demás, está claro que el garbo se demuestra andando y que lo mejor para conocer la Gestalt es hacer proceso terapéutico. Pero los curiosos insisten.
Es por lo que me he decidido a preparar un breviario como resumen de lo que para mi resulta más significativo de esta manera de trabajar:
- El aquí y ahora como base de trabajo.
Cuando la reacción no es acorde al estímulo (en exceso o en defecto) indudablemente eso es debido a que algo del pasado resuena en esa persona. “Cuando dices/haces… yo me siento… porque eso me conecta con… (algo que yo recuerdo o no, pero que está en mi pasado)
No se trata de consolar ni aconsejar sino de acompañar la integración de polaridades enfocando en la repetición casi siempre inconsciente de conductas disfuncionales. Es decir, acabar con el yo soy así o asá. Acabar con ese “personaje” que nos encorseta y liberar nuestra espontaneidad más auténtica sin excesivo “sincericidio”.
- Ver qué hay de mío y qué hay de otros en lo que me sucede.
Pasar de la óptica de la culpa (de herencia judeocristiana) a la óptica de la responsabilidad. Preguntarnos regularmente ¿Qué hago yo para merecer esto? y seguir ronda en el Círculo Contacto Retirada:
Prestar atención (vs. llamar la atención) Ver qué hago figura y qué lanzo al fondo. >> ¿Qué siento al tomar conciencia de eso? ¿Qué se me mueve? >> ¿Es algo que se me repite? ¿Qué me pasa a mí con ese tema, esa persona, esa circunstancia? >> ¿Qué hago yo normalmente frente a ello? >> ¿Hago algo que invita a que se me repita? >> ¿Qué podría hacer en su lugar?
Y con todo ello prestar atención a que los mecanismos neuróticos o mecanismos de defensa no son más que barreras que impiden el fluir de la autoregulación (organísmica)
Fondear para fluir, esa es la cuestión Gestáltica.
Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial
Foto de Jamez Picard en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Gracias por esta publicación Manel.
El sábado pasado en el taller de sesión grupal a la que asististe también, me faltó mejorar varios aspectos como aprendiz de terapeuta…, especialmente me ha resonado este de la escucha generosa. Me ha gustado mucho como lo has resumido.
Te animo a seguir con tus publicaciones.
Saludos
Eva Álvarez
Eva Álvarez
Gracias Eva por tu comentario, siempre superbienvenido.
Me encanta poder compartir también desde aquí distintos puntos de vista y especialmente entre colegas.
Escuchar, cuesta tanto y tan poco que no le prestamos merecida atención ¿No crees?
Demasiadas veces preferimos hablar para demostrar que escuchar para mostrar… empatía, ganas de saber, de aprender.
La tentación es grande, y más para un 7 😉🙏
Era un bebé, recién se aguantaba sentada y la bañera no tenía mucha agua. La dejé sola en el cuarto de baño y me fui a la habitación, al lado, a guardar ropa. Cuando volví vi que se había escurrido, el agua la cubría totalmente…ahora háblame de que la culpa es un constructo de la civilización judeocristiana y no es en realidad una herida del alma, que no es anulable por la responsabilidad aunque la incluya
La saqué de la bañera sana y salva. No hay casualidades Cristo veló por ella mientras yo hacía tonterías y me instó a no entretenerme.
En ocasiones me viene el recuerdo de mi bebé estirada en la bañerita con los ojos abiertos de par en par debajo del agua…como dice Eva en “El silencio de los turnos” (novela de David Romero): Cuando tras explicarle a Gabriel que siendo pequeña había peleado por un juguete contra su hermano mayor que había caído y se rompió el dedo de tal mala manera que al final lo perdió, y lo que la alivió esa noche fue el abrazo de su madre: “La culpa no desaparece. Nunca. La única forma de vivir con ella es tener la certeza de que hay alguien que te quiere, independientemente de lo que hayas hecho. Alguien que no pone condiciones, que no mide cuánto mereces su amor. Como mi madre aquella noche”
La responsabilidad y la culpa tienen campos diferentes. Si practico un deporte de riesgo, si voy a la montaña, si cruzo la calle mirando el móvil y sin atender al entorno, en mi obligación de cumplir el objeto de un contrato, o de estudiar para obtener la titulación, el que se vacuna,…estamos, entre otros, en el ámbito de la responsabilidad.
Cuando causo un daño a otro, por acción o por omisión, aquella mujer que al recoger a sus hijos de la escuela desaparcando atropelló al hijo de otra, el conductor que conducía el Alvia que se accidentó muriendo cientos de personas, el que se desentiende de sus padres cuando le dicen que le necesitan …entre otros este es el ámbito de la culpa, y sí, es posible no sentir culpa, pero ya estaríamos hablando de psicópatas
La culpa en tanto que explicación degenerativa de un hecho solo hace que mortificar al culpable o desvincularlo de su verdadera responsabilidad. La culpa siempre baquetea: tuya mía, tuya mía…
La responsabilidad propia, en cuanto a explicación generativa, mueve al cambio, a la enmienda, a hacer lo que esté en mi mano para no recaer en el error.
No hay pecado, hay error, disfuncionalidad, equivocación que no se debe repetir. No se trata de castigar sino de encontrar la raíz de ese desvío y trabajar para en lo posible subsanarlo y sanarlo.