La escucha generosa
La escucha generosa no llega por casualidad, primero hay que tomar conciencia de la escucha replicativa que tanto observamos, luego practicar la escucha de espera para no resultar invasivos, y finalmente superar la escucha selectiva que sólo escucha lo que quiere oír.
La generosidad en la escucha tiene sus bases y sus beneficios.
Las bases son cuatro: la presencia (atención en el aquí y ahora) la curiosidad (opuesta a la cerrazón) la pregunta aclarativa (o de mera paráfrasis confirmativa) y el interés por la motivación subyacente.
Los beneficios son múltiples: sentir la frustración tras la crítica, la inseguridad o la envidia detrás de la agresión y el miedo que surge de la resistencia al cambio. Sentir en suma la necesidad que hay detrás de cada expresión, lo que revela un poder ilimitado de comprensión, negociación y relación.
A partir de ahí dominar el silencio productivo no es tan difícil. Se trata simplemente de dar tiempo para procesar y que el otro además se sienta atendido. Se trata en realidad de escuchar para entender, comprender y aprender en lugar de para enfrentar, confrontar y apretar. Dicho de otro modo, se trata de escuchar para entender motivaciones y no para enfrentar posiciones.
Parece simple y es que es simple, somos nosotros quienes lo complicamos porque nos gusta más hablar que escuchar, puntualizar que ponderar, replicar que revisar.
Observar, escuchar, silenciar nos devuelve a un estado amniótico e hipnótico de ancestral felicidad. No hay más que probarlo para sentirse atraído por ese estado advaita de fluencia y confluencia.
Fluir y fondear, esa es la cuestión. Fluir en la expresión y escucha, fondear en la motivación y entendimiento.
Ser generosos en la escucha tiene un retorno inmenso e inesperado. Todo lo que das te vuelve multiplicado y el otro deja de ser un yermo desierto de aviesas conclusiones para convertirse en un vergel de atractivas alusiones. Da que pensar, da que sentir, y eso, eso es lo que es vivir.
Deja de luchar, deja de querer demostrar y dejarás de suspirar por meramente sobrevivir.
El agradecimiento y la generosidad mueven el mundo, todo lo demás son motores contaminantes.
Más Podcasts en Spotify Terapia Existencial
Foto de Jamez Picard en Unsplash

Manuel no habla sólo desde lo aprendido en los libros, sino, fundamentalmente, desde su experiencia personal, y quizás sea por eso por lo que sus comentarios nos resultan tan fáciles de entender, y sus sugerencias tan claras en cuanto a qué hacer. La conexión y la comunicación con él es directa, cercana y natural.
Si el agradecimiento y la generosidad movieran el mundo, otro gallo cantaría, o bien, ¡qué bueno sería que eso fuera así!
Confieso que si el discurso me resulta cargante o no me interesa (forma o contenido), tiendo a interrumpir pidiendo concreción. De hecho me pasa con alarmante frecuencia los miércoles, día que dedico a la atención continuada, con la circunstancia además, desde que volví de vacaciones, que un ochenta por ciento de los que consultan complementan su relato con la queja de la ansiedad que le ha ocasionado la circunstancia que les ha obligado a medicarse (solución que han encontrado los médicos de familia cuando les llega un paciente dramatizando lo que sea: baja médica, y receta de chute de medicamentos y consulta a un abogado.) Y cuando consulta al abogado, éste, ante la amenaza del cliente de “empiezo por el principio”, salta: mejor por el final y ya retrocederemos si fuera necesario. Después de una explicación de la terrible situación, lectura de los mensajes o escucha de los audios que debieran justificar la ansiedad, y…no, ni en los mensajes ni en los audios hay nada de nada…luego: – me amenazó, – ah, ¿cuál fue la amenaza?, – que si no me gustaba que me fuera 🙄- ¿dónde está la amenaza?…Y si vienen acompañados, casi siempre mejor, porque al principio apoyan lo terrible de la situación, pero medida que pasan los minutos empiezan a ver la realidad con distancia y son capaces de relativizar e intentan hacer ver al sufriente que no hay que insistir en el sufrimiento.
Luego está la táctica, después de escuchar un rato, ¿y cuál es la pregunta?
No tengo vocación de terapeuta y me agota esta escucha, especialmente cuando tras la pregunta concreta de ¿qué es lo que quiere? la respuesta es diáfana, un deseo, a veces viable y otras no, pero que no precisa de la ansiedad, se puede atender o no independientemente del estado anímico, como toda la vida vaya, y en todo caso, si piensa que me va a predisponer a favor, va absolutamente equivocado.
Claro que todo eso es en el entorno de trabajo. Fuera de allí me gusta tanto escuchar, que incluso intento enterarme de las conversaciones de otros, y he llegado a quedarme más en una tienda o he seguido un camino más allá de mi destino para seguir escuchando con atención lo que los desconocidos explicaban.
Vaya rollo que te he pegado
Queda claro que como rezaba un letrero que durante mucho tiempo mantuve anclado en mi despacho: SOLO LO CONCRETO MOTIVA.
Dicho esto no deja de ser cierto que escuchando se aprende, hablando sólo se justifica o intenta demostrar la propia opinión, valía…
Escuchar es siempre aprender aunque sea la rígida estupidez del otro.