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La épica y la naturalidad

6 noviembre, 2025

Épica y naturalidad parecen dos términos antitéticos. Es más, si atendemos al diccionario de la Real Academia de la Lengua este extremo se nos confirma.

Dice dicho diccionario que la épica como adjetivo ponderativo se refiere a algo grandioso o fuera de lo común. Y también dice que la naturalidad no es más que la conformidad de las cosas con las leyes ordinarias y comunes. En resumen, que parece que no pueda haber una con la otra.

Personalmente siempre he mantenido una relación de amor odio con la épica. Me parecía tanto una innecesaria exaltación egoica como el rasgo más humano de todos los que se puedan mencionar. Pero recientemente he podido no solo hacer las paces con ese término, sino devolverle ese brillo y esplendor que constantemente me negaba el poder denostarlo definitivamente. Y la clave ha sido entender que la mejor épica, la épica de verdad, es la que se da con toda naturalidad. Basta de fastos y boatos, la gesta cotidiana o por lo menos callada, gratuita, es la que realmente infunde el valor a lo épico.

Esa épica que marida bien con la satisfacción interior, que no requiere alabanza ni premio externo se me antoja como la única verdadera. Admito gradaciones, obviamente puede que la gesta sea pública y notoria, con lo cual se haga difícil el mantenerla en el anonimato, pero, en cualquier caso, si de entrada se busca directa o indirectamente el reconocimiento ya no es nada épico.

Toda esta retórica me parece absolutamente de actualidad toda vez que hoy en día, incluso los actos más loables requieren indefectiblemente del festejo público. Lo que no es noticia no existe, o parece no existir. Desde aquí pues me gustaría romper una lanza en favor de todos aquellos gestos que (aunque no necesariamente vistos como gestas) buscan desinteresadamente el bien común. Puede tratarse de un acto grandioso o minucioso, pero lo que lo magnifica es la satisfacción individual y la naturalidad con la que se ejerce.

A título de ejemplo me viene ahora a la memoria esta nueva actividad semideportiva del plogging (neologismo sueco que combina el “plocka upp” (recoger) con el “jogging” (correr)) Ejercicio sin duda ecológico el de recoger a nuestro paso la basura “olvidada” en cualquier rincón, pero también épico, en el sentido arriba mencionado.

Y es que no hay como el zen de las pequeñas cosas para conjugar perfectamente épica y naturalidad.

Mmm… ¡Qué buena la épica sin heroicidad, proclama ni particular identidad!

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Foto de Bradley Dunn en Unsplash

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